Apuntes sobre la distancia social

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi y Carlos Ialorenzi


Durante la cuarentena, muchas personas comenzaron a realizar su trabajo a distancia. En estas circunstancias, el tele-trabajo brinda ventajas evidentes y plantea escenarios aún inexplorados.


La conciliación familia-trabajo siempre fue un desafío, sobre todo para la mujer madre. La aglomeración y el tránsito nutrido de las grandes ciudades -sobre todo en las horas pico- hace que las llegadas al lugar de trabajo y los retornos al hogar fueran una parte considerable (y desagradable) de la jornada, no remunerada.


Trabajar desde casa, pareciera ser una alternativa que da solución al problema de los viajes evitando gastos de dinero y tiempo. Por otra parte, la organización es más libre y permite que pueda coexistir con las rutinas de la casa.


Incluso, varias voces se levantaron viendo a esta “reclusión” como un catalizador de cambios que, en este aspecto, deberían haberse hecho antes.


De todos modos, si bien parece que llegó una solución, -y algunos consideran que para quedarse- no podemos dejar de considerar eventuales peligros.


Una jornada sin límites y sin pares


Cuando al trabajo le damos entrada formal al hogar, uno de los riesgos es que lo invada y se pierda la dimensión del tiempo dedicado. El trabajo en casa puede adquirir límites difusos y colarse sutilmente en espacios y tiempos íntimos.


Otro de los riesgos – quizás el más grave- es la pérdida de vínculos con los pares. Aún en los equipos de tele-trabajo, la comunicación se restringe a aspectos exclusivamente laborales.


“El compañero de trabajo” entidad que no llega a la categoría de “amigo”, pero que tiene la familiaridad de quien comparte experiencias y coelabora la historia cotidiana, es una relación que se pierde.


El gran riesgo es que el aislamiento social-físico, se transforme en un aislamiento social-psíquico y lleve a un modelo eficientista. Sin “pérdidas de tiempo”, donde la alta producción es el paradigma, se olvida que lo que hace insustituíble e irremplazable el trabajo humano es quien lo hace y como lo hace, no solo qué hace.


Viktor Frankl, notable psiquiatra austríaco, habló de la relevancia del trabajo en la vida del hombre no solo como oportunidad de dar algo de sí mismo al mundo, sino también


como fuente para generar vínculos sociales y formar grupos de pertenencia donde se compartan valores de creación y de experiencia.


Por esa razón, para una persona, el trabajo es más que tener una forma de ganar dinero, y no tenerlo es más que estar desempleado.


“Estocolmo” en el mundo


Se denomina síndrome de Estocolmo a un trastorno psicológico temporal que se genera en la persona que ha sido secuestrada. La víctima se muestra comprensiva y benevolente con la conducta de su captor y progresivamente empieza a identificarse con sus ideas. Desarrolla un fuerte vínculo afectivo con él y como reacción de defensa psicológica la ausencia de agresión se interpreta como un acto de humanidad por parte del secuestrador.


¿Estaremos pasando por algo así? De pronto organizaciones internacionales que generaban desconfianza y gobiernos reconocidos por manipular estadísticas se han transformado en padres protectores que solo buscan el bien de su rebaño. Hoy parece haber una gran mayoría en el planeta que cree que otra cosa no se puede hacer.


¿La curva se aplana?


Vemos cifras de otros países con más población que Argentina en donde el número de infectados y de víctimas fatales es, lógicamente, bastante más elevado, por ejemplo, EEUU y Brasil. ¿Son confiables las cifras que tenemos cuando somos de los países que menos tests viene realizando? (Dato: Italia está haciendo 37.158 testeos por millón de habitantes, España, 41.332 (con una población apenas superior a la nuestra) y Argentina, 1.600) ¿la curva se aplana o no hay datos? ¿Sabremos alguna vez cuántos han muerto por el covid-19 o cuantos han muerto con Covid-19? ¿Sabremos qué porcentaje de las personas fallecidas tenían enfermedades preexistentes que le causaron la muerte?


Las calles de la pandemia


En la ciudad semivacía cada transeúnte calcula el espacio de distanciamiento al cruzarse con otro, las sonrisas se borraron detrás de los tapaboca y la comunicación se reduce a un inaudible “permiso” o “gracias”.


Se calcula que para el establecimiento de nuevos hábitos es necesario que transcurran entre veintiun y sesenta y seis días de repetición de conductas, especialmente si hay alta motivación. Y el miedo al contagio lo es.


¿Cómo será la vida al salir de la cuarentena? ¿Se medirán las muertes aceleradas por la depresión, la soledad, el quiebre económico y la falta de asistencia espiritual? ¿El prolongado encierro obligatorio estará afectando nuestra mente y nuestras conductas


frente a los demás? ¿Cómo nos saludaremos? ¿Cómo afectará la vida de los más chicos para quienes la socialización con pares en la escuela es un factor edificador de su personalidad? ¿qué pasará con los adolescentes y jóvenes que busquen entablar nuevas relaciones románticas? ¿volveremos a la “vida normal”? Más preguntas que respuestas. ¿El remedio será peor que la enfermedad?


Publicado en el diario La Prensa el 06-05-2020

http://www.laprensa.com.ar/488514-Apuntes-sobre-la-distancia-social.note.aspx