Argentina, sus padres y sus crisis

Por Carlos Ialorenzi


Ser padre no significa solamente un ”varón que ha engendrado uno o más hijos” (primera acepción del diccionario de la RAE). Ser padre es una bendición. Es amar a alguien mucho más que a la propia vida. Es disfrutar cada progreso y cada cambio. Es el motivo más fuerte de nuestros esfuerzos cotidianos. Es agregar un eslabón más en la maravillosa cadena de la vida.


Estamos próximos a celebrar un día del padre muy especial que muchos no podrán compartir con sus hijos. Es un gran momento para reflexionar y revalorizar el rol del padre en nuestras familias y en la sociedad.


Los que tenemos la gran dicha de serlo, queremos hoy más que nunca que nuestra descendencia pueda vivir en un país que proteja la vida humana en todas sus etapas y la libertad de sus habitantes. Que brinde oportunidades de buena educación, salud y seguridad. Que reconozca el valor de esforzarse por lograr un bien arduo. En el que se pueda trabajar y estudiar libremente para poder proyectar el futuro. En definitiva que puedan vivir en paz, con justicia en “unión y libertad”.


El legado de un padre


Vivimos en un mundo en que la figura paterna está siendo atacada por el feminismo radical y las diversas vertientes del marxismo, que no solamente se expresan dentro de las agrupaciones políticas, si no que han penetrado en los medios de comunicación, en la educación y en distintas expresiones de la cultura. Es evidente que hay un gran movimiento mundial contra la familia natural. La figura paterna es fundamental junto con la materna, para elegir el camino del bienestar de las familias. En el desarrollo de un niño, el padre le abre camino a la socialización y encarna la ley. Y sin ley, no hay justicia posible.


Hay que tomar conciencia sobre todo esto porque la vida, la libertad y la familia no se negocian. No hay ningún sistema político que valga más que cualquiera de ellas.


¿Nos preguntamos qué es lo que queremos dejar como legado de nuestro paso por este mundo? Tuvimos la bendición de la vida y no deberíamos hacer de ella un acontecimiento intrascendente. No podemos seguir como si nada de lo que nos pasa hoy, estuviera ocurriendo. Parece que no hay más margen para seguir esquivando el camino correcto. Cuando esto pase, seguramente no estaremos igual que antes.


No es que tengamos que adoptar la “nueva normalidad” que nos quieren vender. Podemos perfeccionar la que había. Corregir errores y mejorar.


Llegó el momento para repensar lo hecho: ¿Cuándo vamos a dejar de autodestruirnos como lo venimos haciendo desde hace algo más de siete décadas? Nos hemos convertido en un colosal desastre. Y digo hemos, porque si bien nuestros gobernantes y dirigentes fueron el brazo ejecutor,


estos surgieron debido a mayorías circunstanciales que los eligieron y los siguen tolerando. Un país suicida y sin memoria. Con problemas irresueltos desde hace décadas: inflación, pobreza, inseguridad, decadencia educativa, los desaparecidos y las víctimas de la guerra contra la subversión, la descomunal carga impositiva, la gran estafa del sistema jubilatorio, los magros sueldos de los profesionales de la salud, de la educación y de las fuerzas de seguridad, etc. ¡Basta ya! ¿Hasta qué punto vamos a seguir apoyando y perdonando todo lo que dice o hace el político que votamos o que toleramos por oponernos a otros?


San Martín y Belgrano


San Martín y Belgrano, son próceres fundantes indiscutidos de nuestra Patria. Estamos transcurriendo el mes en el que se cumplen doscientos cincuenta años del nacimiento y doscientos de la muerte del creador de nuestra bandera.


Ambos realizaron grandes sacrificios en pos de conseguir nuestra libertad y gestar nuestra existencia como Estado independiente. Uno hijo de españoles, y el otro, de padre italiano y madre nativa. Son además, eximios representantes de las dos grandes colectividades que mayoritariamente conforman nuestro país.


Argentina no necesita de un nuevo padre o de una nueva madre protectora. Lo que necesita es un gobierno con gente idónea y decente. Que los políticos piensen en el bien común de la patria y que defiendan la libertad, la familia y a las personas en todas las etapas de la vida, como Dios manda.


¡Basta del “roban pero hacen”! Hay que volver a la normalidad, pero para hacer las cosas bien y no lo que venimos sosteniendo desde hace tres cuartos de siglo, con resultados cada vez peores.


Decir que “Argentina no tiene arreglo” es un autoengaño para justificar la inacción. Lo tiene, volviendo a los valores fundacionales de nuestro país tan bien expresados en el preámbulo de nuestra Constitución Nacional: “afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, para nosotros para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino, invocando la protección de Dios fuente de toda razón y justicia”…


Publicado en el diario La Prensa el 17-06-2020

http://www.laprensa.com.ar/490104-Argentina-sus-padres-y-sus-crisis.note.aspx