Efervescencia

Actualizado: abr 1

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi y Carlos Ialorenzi


Una mezcla que sube de nivel. Burbujas alocadas. Mientras tanto parece que en cualquier momento se derrama, vaya uno a saber hacia dónde.


Formosa con sus brutales encierros por el COVID y mujeres embarazadas escondidas en el monte por miedo a ser separadas de sus bebés, Chubut y la tragedia de los incendios con víctimas fatales, cientos de viviendas destruidas y miles de hectáreas quemadas son penosos ejemplos de nuestra triste y dura realidad. ­


Podemos enumerar otros temas harto sabidos que nos preocupan y afectan nuestra vida y nuestro ánimo desde hace tiempo. La realidad nos sigue pegando duro y sin pausa y como si esto fuera poco ahora estamos preocupados por las vacunas. Unos lo están por las que faltan llegar y otros porque tienen miedo a ser obligados a vacunarse. Entre tanto la organización doméstica tambalea. Las familias con chicos en edad escolar no pueden proyectar más que el día a día. ­


VACUNAS POCO VACUNAS­


­Desde chicos nos enseñaron que debemos las vacunas a los científicos e investigadores que con un trabajo arduo y prolongado logran elaborar un compuesto para generar inmunidad ante algunas enfermedades. Cuando alguien se da una vacuna, el sistema inmunológico reconoce el antígeno, interpreta que se trata de la enfermedad y produce defensas. Por eso, si esa persona, en algún momento, entra en contacto con el virus o bacteria vivito y coleando las defensas generadas en su propio cuerpo hacen que no se enferme o que sufra la enfermedad de modo leve. Una explicación sencilla pero convincente.


Resulta que, desde que se declaró la pandemia, todo se volvió confuso o inverosímil. Aparecieron científicos, políticos y medios de comunicación que se dedicaron desde el comienzo a poner el acento en que era necesario conseguir, como sea, una vacuna y no en encontrar un tratamiento adecuado. Como en otros tiempos se hablaba de la carrera armamentista o de la carrera espacial, comenzó la carrera de vacunas. Los laboratorios buscan vender su producto a la mayor cantidad posible de países, los políticos necesitan contentar a su electorado y los medios buscan seguir acaparando audiencia.­


Pero más allá de todo esto, que suena a la monetización siempre presente en nuestra cultura, es llamativo que a los vacunados no se los habilite a regresar a la vida normal. Tendrán que seguir con el tapaboca y el distanciamiento social o lo que ya se sospecha, un nuevo encierro para cuando se vaya el verano.­


¿Será que la vacuna no da inmunidad o la da en un grado mínimo? ¿Si no se sabe si da inmunidad, se la puede llamar vacuna? ¿Será que el miedo generó la necesidad de creer en algo que proveerá la salvación? ¿Nos estaremos exponiendo a reacciones adversas?­


BURBUJAS­


­Durante 2020 se extrañó la presencialidad escolar. Aún con el mejor equipamiento tecnológico, supervelocidad de conexión y brillante preparación en entornos virtuales, se comprobó que la maestra en el aula es insustituible, sobre todo con los más chicos. Ni que decir cuando la conexión es lenta, los docentes poco preparados y los recursos tecnológicos atados con alambre. Verdaderamente quienes pudieron llevar adelante con eficiencia la tarea de educar y aprender fueron una especie de magos dignos de mención.


Este año el escenario de escolaridad híbrida y en burbujas (clases divididas en pequeños grupos) plantea otros retos. Los nuevos héroes de 2021 serán los padres que logren sobrevivir a una vida cotidiana llena de incertidumbres con horarios móviles e imprevisibles semana a semana. Burbujas que se cierran por sospechas de casos positivos y se abren con la confirmación de negatividad -cuando ya se ha visto que los test frecuentemente arrojan resultados falsos.­


Las engorrosas entradas al cole van escalonadas, en horarios dislocados y variantes, para cumplir ordenadamente los nuevos ritos: higiene y toma de temperatura. Un detalle: si un infectado puede ser asintomático y de todas maneras contagiar a otros o sea que con o sin fiebre puede ser potencial distribuidor de covid, ¿para qué tomar la temperatura? ­


CON LA BOCA TAPADA­


­En estos días se conoció la respuesta que dio el Ministerio de Salud de la Nación ante un pedido de informes presentado por la abogada Elizabeth Márquez junto a 33 colegas y ciudadanos de todo el país, que integran Amparazo Nacional. En uno de sus puntos se pide que "indique si considera que la imposición del uso del barbijo y/o similares (tapabocas, mascarillas, cubrebocas, etc.) debe ser indicada y/o supervisada por un médico''.


El Ministerio respondió que la recomendación de su uso, "no significa ninguna imposición ni reviste apercibimiento si no se realizase". En la respuesta también se menciona que "a la fecha no se han desarrollado estudios en el ámbito del Ministerio de Salud de la Nación sobre la seguridad del uso de barbijo en menores de edad". ­


Recordemos las declaraciones que en ocasiones anteriores los mismos científicos relevantes que hoy lo impulsan, explicaban la inconveniencia del uso de barbijos en personas sanas. ­


Cómo nos tiene acostumbrados este tiempo de incertidumbre, aquí nos limitamos a plantear más preguntas que respuestas. ¿Será momento de empezar a sacar nuestras propias conclusiones sobre lo que la realidad nos muestra y actuar en consecuencia?­



Publicado en el diario La Prensa el 17-03-2021

http://www.laprensa.com.ar/500110-Efervescencia.note.aspx