El gran dilema de la democracia

Por Carlos Ialorenzi


Los políticos en las democracias suelen encontrarse con un gran inconveniente, tienen que conseguir los votos necesarios para acceder al poder.


En estos tiempos de multiplicidad y cambios en las comunicaciones, saber comunicar es fundamental para ser tenido en cuenta.


Los candidatos, sobre todo en los más altos cargos, son entrenados y asesorados por consultores que van monitoreando el ánimo y la opinión del electorado y van decidiendo la agenda y la campaña de acuerdo a los diferentes perfiles y circunstancias.


Aun así, cuando un país está en crisis, es necesario tomar acciones antipopulares o antipáticas, como las que a veces tiene que comunicar un médico a su paciente que está cursando un problema importante de salud.


Mentime que me gusta


Por como se viene comportando el electorado en nuestro país, es muy probable que muchos ciudadanos atemorizados u horrorizados, en las próximas elecciones vuelvan a votar en los diferentes cargos a quienes están o ya han estado en el poder durante estos últimos 37 años. El miedo a que gane quien se considera que es el peor, puede hacernos caer en elegir al “menos malo” solo porque es el más competitivo según las encuestas.


¡Si hacemos lo mismo, seguiremos en caída libre! Albert Einstein dijo “locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”.


Es necesario hacer algo distinto, investigar por cuenta propia, formarse, involucrarse en política, ya sea en un partido, o simplemente difundiendo sus ideas. Si Ud. votó a los que alguna vez nos han gobernado, pregúntese si lo defraudaron y en la próxima elección evalúe sinceramente si existe alguien que defienda sus valores y que muestre claramente que los va a llevar a cabo.


Los que más votos obtuvieron nos trajeron a este penoso presente. Supieron “venderse” para que el ciudadano comprara el mensaje y los votara.


Argentina está al borde del precipicio. Con un sistema electoral pensado para beneficiar a los candidatos, que siguen sosteniendo las listas sábana y que solo piensan en el cupo por sexo y no si son idóneos para el cargo. Para elegir alguno de los varios ejemplos, podemos mencionar el bochornoso suceso protagonizado la semana pasada por un Diputado Nacional del Frente de Todos de Salta en plena sesión virtual de la Cámara.


Aristocracia, Democracia, Kakistocracia


El reconocido filósofo argentino Jorge Luis García Venturini, publicó en este diario en diciembre de 1974 una brillante columna que se tituló Aristocracia y Democracia. En ella expresó con magistral claridad que estos vocablos no tienen significados opuestos


“La participación de todos en la cosa pública fue denominada democracia (aunque como forma de gobierno el nombre correcto era república), y como tal se enfrentaba a la participación de sólo unos pocos, lo que se denominaba aristocracia y, también, oligarquía, términos éstos que se usan indistintamente, lo cual tampoco es correcto. La democracia - en lenguaje ligero y convencional – suele resultar así lo contrario de la aristocracia”.


Entonces: “Si por aristocracia entendiéramos una clase social que por su linaje está investida de numerosos privilegios, entre ellos el de gobernar, siendo estos privilegios hereditarios e inalterables cualquiera sean los verdaderos valores éticos o la efectiva capacidad para hacerlo, es cierto que la democracia (y la república) constituyen lo contrario de aquel sistema. Y en buena hora. Pero resulta que aristocracia significa también y fundamentalmente el “gobierno de los mejores” (aristos es, en griego, el mejor), y en tal sentido democracia no tenía por qué oponerse a aristocracia, al menos que se deseara algo que no debería desearse, esto es, el gobierno de los peores. Sin embargo, la incuria del lenguaje, que nos hace decir a veces lo que no queremos decir, nos ha llevado con mucha frecuencia a asociar aristocracia con oligarquía, que no es el gobierno de los mejores sino de unos pocos (y según su sentido tradicional, el gobierno “egoísta” de esos pocos), y a enfrentar democracia a aristocracia, en el elevado significado de este término”.


Más adelante menciona a la Kakistocracia como el gobierno de los peores (Kakistoi: los peores) y continúa: “La democracia (preferentemente en su verdadero significado de forma de vida, pero aun también en el sentido de forma de gobierno) sólo puede funcionar efectivamente y realizar los elevados pronósticos que le atribuimos los que nos llamamos democráticos, si no se opone a la aristocracia, sino que se complementa y se impregna de ella. Por ser democráticos, ¿habríamos de no aspirar al gobierno de los mejores? En nombre de la democracia, ¿habríamos de aplaudir al gobierno de los peores?”.


Aprovechar el momento


Cuando estemos próximos a las elecciones y urgidos por tomar una decisión, ya no tendremos muchas posibilidades más que aceptar o desechar lo que se nos propone. Quizás éste, sea el momento adecuado para reflexionar y actuar en consecuencia antes que nos invada la presión electoral.


Publicado en el diario La Prensa el 01-10-2020

http://www.laprensa.com.ar/494284-El-gran-dilema-de-la-democracia.note.aspx