En Babel, sintiendo como Sartre

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi


"Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra... El Señor los dispersó y dejaron de construir la ciudad. Por eso a la ciudad se le llamó Babel, porque fue allí donde el señor confundió el idioma de toda la gente de la tierra". Desde aquellos tiempos del relato bíblico, la soberbia humana vuelve una y otra vez a turbar los ánimos.


Para los psicólogos, la confusión mental puede ser también pérdida de memoria y de orientación, relacionado con el estado de estupor, con disminución de la actividad consciente.


La confusión es perplejidad y desasosiego. Es mezclar y unir elementos distintos, sin orden ni jerarquía.

Es innegable que vivimos épocas de gran confusión en las que la fantasía y la realidad están separadas por una débil línea divisoria. Seguramente no habíamos imaginados ser protagonistas de una película de ciencia ficción.


Aclarar algunos conceptos, al menos, puede ser un camino para lograr un poco de claridad mental.


PANDEMIA, VIRUS, CUARENTENA


Antes de mayo de 2009, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definía a una pandemia como la "infección producida por un agente infeccioso, simultánea en diferentes países, con una mortalidad significativa en relación con la proporción infectada". A partir de esa fecha para que una infección se considere pandémica requiere que provenga de un virus nuevo -y por lo tanto no se cuente con inmunidad-, que sea capaz de producir casos graves de enfermedad o muerte y que se transmita de persona a persona de forma eficaz, pero se eliminó la característica de mortalidad significativa. El 11 de marzo, la OMS declaró el estado de pandemia. Hace poco más de una década, la covid-19, con un nivel de mortalidad media, no hubiera alcanzado esta categoría.


El virus en cuestión, técnicamente SARS CoV 2, como todos los virus, es un material genético independiente que no puede replicarse por sí solo y necesita de un huésped para formar nuevos virus. No es un bicho ni es un organismo vivo, por lo tanto, no se lo puede matar. Y tampoco, aunque sea obvio, tiene la intencionalidad de enfermarnos.


La cuarentena es la restricción o separación de personas no enfermas pero que puedan haber estado en contacto con el virus, con el objetivo de prevenir la propagación de la enfermedad. No se especifica tiempo, por lo que la decisión de establecer cuarentenas más o menos estrictas depende de las políticas sanitarias de cada país.


Dirán que estas diferenciaciones son obvias. Sí. Es cierto, pero sirve para no confundirnos, ni permitir que nos confundan. No sea que achaquen a quien no corresponda las desgraciadas consecuencias sociales y personales que muy probablemente veremos. El increíble aumento de la pobreza y la desocupación impuesta no son producto de la pandemia -acontecimiento con definición variable, ni de los virus -agentes inimputables- sino de las decisiones políticas de personas e instituciones, que deberían hacerse responsables.


CÓCTEL EXPLOSIVO


Pasando en limpio lo obvio, al virus no le podemos achacar maldad. Hace lo que le corresponde según su naturaleza. Se reproduce y para eso necesita un huésped. Lo que complica la situación es que ese huésped es el cuerpo humano: el propio, el del vecino, el del hermano, el del vendedor de la farmacia.

Y dado que los humanos somos nuestro cuerpo (dicho sea de paso, no tenemos un cuerpo, como si fuera una posesión que podemos comprar, vender o manipular), cualquier otro cuerpo humano, por más amigable que haya sido, es percibido como un potencial agresor. Y todo el que cuestione la rigidez del aislamiento social, un irresponsable que desprecia la vida del prójimo.


Miedo y aislamiento son un cóctel explosivo. Sartre, el filósofo ateo de posguerra, ponía en boca de Garcín en su obra A puerta cerrada: "Así que esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído. ¿recordáis? el azufre, la hoguera, la parrilla. ¡Ah! Qué broma. No hay necesidad de parrillas: el infierno son los otros".


Si el otro es el portador de mi presunta futura desgracia, vamos por el aislamiento social obligatorio. ¿Por qué aislamiento social? ¿No bastaría con el distanciamiento físico?


Por primera vez en la historia de la humanidad, se es héroe no haciendo nada. Simplemente quedándose en casa, aletargando al individuo conformista y sin capacidad de reacción. Individuo alimentado virtualmente, con sobrepeso de pantallas y humanamente mal nutrido. Por primera vez se es un héroe social, siendo precisamente un antisocial.


Mientras tanto las noticias pasan a ser un recuento de testeados, contagiados y muertos. Solo faltaría un contador en pantalla, las 24 horas para no olvidar el tema en ningún momento.


La historia nos mostró que fomentar el miedo, la desconfianza mutua y la denuncia del que piensa distinto, es una de las herramientas de los totalitarismos. ¿Será casualidad?


Publicado en el diario La Prensa el 09-07-2020

http://www.laprensa.com.ar/490931-En-Babel-sintiendo-como-Sartre.note.aspx