Ideología, corrupción y pandemia

Actualizado: may 22

Por José Durand Mendioroz





Sabemos de países que manejan la pandemia con medidas que evitan la propagación descontrolada de la plaga -y consecuentemente el colapso del sistema de salud- pero sin por ello llevar a sus economías a la quiebra. Es decir, no combaten la “plaga de termitas” incendiando la casa, sino que usan técnicas que, aún incómodas para los residentes, no los condena a pasar el invierno sin techo. Podemos aventurar que en estos envidiables lugares se dan dos condiciones: un sistema de salud eficiente y, al mismo tiempo, cierta independencia de imposiciones de cuño ideológico. Porque el mundo ha sufrido también la pandemia del exceso de información, donde podemos distinguir la que proviene de una corriente principal -que impone el miedo y las restricciones- de la que se origina en corrientes marginales o contracorrientes.

La OMS, instancia global en el área de salud, ha venido promoviendo el modelo del aislamiento extremo en base a premisas que se han estado mostrando como equivocadas. Dicho modelo fue avalado por todos los que adhieren a la ideología globalista e impuesto como “de estricta observancia” en el mundo entero. En tanto, recibieron una paliza mediática aquellos que plantearon disidencias y caminos más razonables en función del inmenso daño que la paralización provocaría en sus países. Aquellas usinas globalistas propagaron, como fruto deseable de la pandemia, el inicio de una “nueva Era” ¡nada menos! especulando con la muerte de los populismos nacionales y con el inminente gobierno mundial de la burocracia globalista bajo la inspiración directa de los billonarios cuyos nombres todos conocemos.

Pero, si bien dicho ímpetu globalista tuvo avances espectaculares en un primer momento bajo la consigna del “métase en su casa y espere por la vacuna”, ocurrió luego que desde varios rincones del mundo surgieron múltiples y serias impugnaciones, tanto sobre el diagnóstico oficial como sobre el tratamiento y las medidas socio económicas consecuentes. Por ejemplo, en el plano medicinal, prestigiosos científicos han desestimado el diagnóstico de falla pulmonar inclinándose en cambio por los trastornos en la sangre o circulatorios y, en base a ello, proponiendo para la emergencia fármacos accesibles y tratamientos más exitosos. También proliferaron en las redes los científicos “antisistema”, aportando otros puntos de vista y ofreciendo soluciones prácticas que en otros tiempos hubieran sido olímpicamente ignoradas.

También el aglutinante del terror ha venido siendo objeto de una crítica severa. Es que el sustento principal del miedo, que es la letalidad del virus, ha sido puesto en la picota con estudios como el de la Universidad de Stanford (1) el cual estableció, en una escala importante, que hay entre 50 y 85 veces más infectados de los que informan aquellos países que hacen testeos masivos (ni qué hablar de la Argentina donde los testeos son muy escasos) ¡al menos el cinco mil por ciento de error! Lo cual lleva a una conclusión obvia: el virus ha desbordado toda medida de aislamiento y circula tan campante infectando a una inmensa mayoría de personas sin síntomas o con síntomas leves, lo cual explica que queden fuera del radar. Radar que –parafraseando al evangelista (Mt 23:24)- cuela al mosquito mientras el camello pasta a sus anchas en la plaza central. La buena noticia, por ende, es que al ser cincuenta veces más los infectados, que la tasa de mortalidad es muchísimo más baja de la que maneja la OMS; así como que el aislamiento extremo carece de respaldo epidemiológico. Por todas estas razones el prestigio de la OMS y de sus corifeos, ha caído hasta su punto más bajo(2) . Y eso que hemos omitido en nuestro análisis la supuesta connivencia con China en el manejo de la información…

Ineficiencia estructural ¿y también sometimiento ideológico? La Argentina encaró la pandemia que se avecinaba condicionada por la ineficiencia estructural de su sistema de salud. Que padece, además de los problemas económicos generales, del mal uso de sus recursos y del desvío de recursos por razones ideológicas y de venalidad. Por eso, atento a los altos índices de contagio que distinguen al Covid-19, no es incomprensible el primer reflejo del Presidente Fernández en cuanto a adoptar el consejo de la OMS de paralizar el país y encerrarlo con el fin de ganar tiempo y evitar el desborde del sistema de salud. Es indudable que hemos tenido la gran ventaja de que, por nuestra ubicación geográfica, el diminuto invasor llegara más tarde, por lo cual nos hemos beneficiado de la experiencia, buena y mala, de los demás modelos de gestión.

Pero, precisamente esa ventaja de la experiencia ajena es la que está indicando que no se justifica ni es conveniente el mantenimiento del modelo del aislamiento extremo adoptado… salvo que se estén procurando fines basados en la ideología y no en el sentido común. El resultado de las bajas estadísticas de infectados y muertes que se exhiben al día de hoy, mañana será un magro consuelo si es que no se cambia el rumbo político. Necesitamos prudencia para resolver y decencia en la ejecución; porque como decía un conspicuo dirigente, “si se dejara de robar dos años” el país se pondría nuevamente en marcha. 1 https://www.infobae.com/america/eeuu/2020/04/18/un-nuevo-estudio-sugiere-que-el- coronavirus-no-es-tan-mortal-como-pensabamos/ 2 https://gauchomalo.com.ar/la-oms-en-entredicho/ Excelente artículo publicado a posteriori de ser terminada la presente comunicación (nota del autor)