Invisibilizando a la madre

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi y Carlos Ialorenzi


Mamá es una de las primeras palabras que pronunciamos. Dos sílabas simples y profundas que le ponen nombre a ese vínculo tan especial que se establece entre madre e hijo desde que es concebido o desde que se ven por primera vez. Nos marca para toda la vida.


Llega el Día de la Madre y en nuestro conflictivo mundo nos encontramos reflexionando cuestiones obvias, antes impensadas.


Ya sabemos que confundir las palabras es un arma peligrosa porque sin violencia aparente, se nubla el pensamiento y manipula masas. ¿A quiénes homenajeamos en el día de la madre?


“Maternar” no es ser madre


Los seres humanos, nacemos desvalidos y necesitamos de alguien que cumpla la función de maternaje, que nos dé seguridad y confianza para que animarnos a entrar en vínculo con los demás.


Esa figura no es cualquier vínculo ocasional. Es quien se ocupa de él, lo cuida, lo protege y atiende sus necesidades físicas y psicológicas. En la década de 50, el Dr. Spitz, en su trabajo en hospitales, vio que los bebés abandonados, aun cuando eran higienizados y alimentados, morían o sufrían más enfermedades que otros atendidos por alguien especialmente dedicado a él. Un padre puede cumplir esta función. Pero claramente no es una madre.


“Maternar” es un término técnico de la psicología que no figura en el diccionario de la Lengua Española, pero su origen claramente alude a la madre porque ella suele ejercer esta función.


La sinonimia entre ambas palabras puede llevar a confusión. En caso de necesidad, cualquier ser humano puede maternar (o sea, cumplir esa función de apego), pero no por eso es madre.


Madre es una mujer


La mujer tiene cualidades biológicas más adecuadas para maternar. Es la única que puede ser madre aunque, con artilugios ideológicos, se le niegue la exclusividad. En estos tiempos en que se quiere imponer una antropología basada en la autopercepción y el deseo, es menester estar atento a lo que se difunde desde los medios.


La izquierda tiene entre sus objetivos principales deconstruir la familia: al varón (padre opresor), a la maternidad (promoviendo el aborto) y borrar la relación mujer/madre.


Mal que les pese a algunos, mujer y madre tienen una alianza natural.


Los avances en neurología dieron la posibilidad de estudiar el cerebro femenino in vivo y demostraron que no existe el “cerebro unisex”. Contrariando el enfoque de género, se concluyó que la mujer es la persona más apropiada para ejercer la función maternal.


Estudios científicos afirman que las niñas utilizan más tiempo en mirar rostros que los niños, lo que indica una aptitud innata para la observación de pequeños detalles, que será necesaria para comprender a un hijo recién nacido que solo emite señales rudimentarias para manifestar sus necesidades y mayor comprensión de las emociones para ayudar al bebé a comprender y comprenderse. Durante los primeros tres meses de vida las facultades de una niña en contacto visual y observación facial mutua irán creciendo en un 400%, mientras que en un niño, la aptitud para examinar rostros no se desarrolla durante ese tiempo. Otro estudio con recién nacidos mostró que las niñas, responden más a los llantos desesperados de otro niño, que los varones.


También con la Madre Patria


Abrimos un paréntesis porque la celebración reciente del 12 de octubre, también merece una reflexión en esta línea.


En el año 1917, se estableció la celebración de esta fecha en homenaje “al descubrimiento de América como el acontecimiento más trascendental de la humanidad” y fue reconocida como Día de la Raza, durante muchos años.


En 2007 el INADI presentó un proyecto para cambiar la denominación por Día de la Diversidad Cultural Americana, aduciendo que “raza” era peyorativo y que favorecía al racismo. La iniciativa se concretó en 2010 y la fecha pasó a denominarse Día del Respeto de la Diversidad Cultural, rebajando la importancia del legado cultural y evangelizador de España.


En realidad el término “raza” alude a los cuatro grupos en que se suele dividir la especie humana de acuerdo a características físicas genéticas como el color de piel o cabello. Esta descripción nada dice sobre la preferencia o supremacía de una sobre otra. Simplemente describe características biológicas.


El avance del socioculturalismo (todo es producto de construcciones culturales) fue cambiando el concepto de raza por el de etnia. Este término incluye también a quienes pertenecen a una misma comunidad lingüística y cultural o que mantienen una creencia subjetiva en una procedencia común, por semejanzas de aspecto exterior, costumbres, idioma, religión o memoria de eventos históricos.


El pasaje de raza a etnia es semejante al que se realizó con el concepto de sexo y género. De este modo, se fue desplazando a las ciencias duras como la biología por las ciencias sociales, mucho más proclives al subjetivismo. En un intento de disolver la identidad cristiana de los países de América, se aplica el esquema marxista de opresores-oprimidos y se considera igualmente válida cualquier costumbre, creencia y expresión de una población. Cerrado el paréntesis.


¡Feliz día a todas las mujeres que han acogido a un niño en su vientre o en su corazón!


Publicado en el diario La Prensa el 14-10-2020

http://www.laprensa.com.ar/494736-Invisibilizando-a-la-madre.note.aspx