La corrida de los ceros

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi y Carlos Ialorenzi


Ayer 1º de Enero, se cumplieron 50 años de la primera corrida de ceros practicada sobre nuestra moneda. Es así que ese día de 1970, nacieron los famosos pesos ley 18.188, que reemplazaron a los casi centenarios pesos moneda nacional. A estos se le quitaron dos ceros. Cien pesos moneda nacional pasaron a ser un peso ley 18.188.-


Luego en 1983 se corrieron nuevamente cuatro ceros, en 1985 otros tres, y en 1992 otros cuatro ceros. Es así que un peso actual, equivale a 10.000.000.000.000.- ¡diez billones! de pesos moneda nacional.

En medio siglo se han corrido 13 ceros a nuestra moneda o a lo que denominamos de esta manera. Podemos afirmar que desde mediados de los cuarenta no tenemos técnicamente moneda, ya que uno de los requisitos de esta, es servir como reserva de valor y con los elevados índices inflacionarios que tuvimos desde 1946 en adelante, tal requisito ha desaparecido.


DEVALUACIÓN EN TODAS SUS FORMAS


Nuestro nivel de vida ha seguido a nuestro signo monetario.

A lo largo de los años vivimos distintas experiencias en las que la devaluación fue un símbolo del deterioro moral. No es casualidad. No son solamente errores económicos. Son fallas éticas.

El problema es la falta de valores que se encarnen en la realidad y no sean una simple expresión de deseos inalcanzables.


Nuestros valores fundacionales se fueron erosionando coincidiendo con la crisis moral. Los 36 años ininterrumpidos de gobiernos constitucionales no fueron capaces de cambiar esto. Lamentablemente lo aceleraron. Hemos ido perdiendo el sentimiento patriótico, por una emocionalidad globalista y el "sálvese quien pueda"


Las ideologías materialistas y el marxismo cultural, junto con el desarrollo de la globalización de las comunicaciones, fueron los que provocaron que la vida en familia y el sentido de pertenencia a una nación, entraran en una profunda crisis.

La historia nos demuestra, que siempre existieron épocas de apogeo y de decadencia de los pueblos. Las civilizaciones antiguas de Grecia y Egipto, el imperio romano y el español, culturas aztecas e incaicas, son algunos de los varios ejemplos.


La Nación Argentina tuvo su esplendor entre fines del siglo XIX y las primeras cuatro décadas del siglo XX. Descollábamos en América latina y estuvimos entre los diez países más prósperos del mundo. El nivel educativo, el desarrollo productivo, con una economía abierta al mundo que incorporó a millones de inmigrantes en pocas décadas, con un consumo per cápita en crecimiento, y figuras de renombre en las ciencias y las artes. En fin, un país que empezaba a ser un líder mundial.


La llegada del populismo y de los gobiernos dirigistas fueron cambiando ostensiblemente las políticas exitosas. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la Argentina desaprovechó la gran oportunidad de consolidarse como potencia. Prefirió mirar hacia adentro y despilfarrar las reservas demagógicamente.


Nunca más se logró dar marcha atrás y volver a esa situación de desarrollo que habíamos logrado. El país comenzó así otra división entre los adherentes a vivir del proteccionismo y de "papá Estado" y los defensores de la libertad de mercado. Argentina perdió el rumbo.

Es difícil explicar semejante caída sin que hubiera existido una guerra civil o una larga guerra contra una potencia extranjera.


NO TODO ESTÁ PERDIDO


Es así que hemos llegado a un momento límite, en donde el hartazgo por los pésimos resultados obtenidos por los sucesivos gobiernos, más el cambio cultural impuesto por los cultores de la agenda de género con todas sus vertientes, ha generado en todo el país movimientos y nuevas agrupaciones políticas, logrando que muchos salgamos de ser meros espectadores para pasar a ser protagonistas en la defensa de la libertad, la vida y la familia en diversos ámbitos.


A lo largo de estos 50 años, los argentinos hemos reaccionado con grandes manifestaciones públicas ante determinados acontecimientos políticos. El apoyo popular por la recuperación de las Islas Malvinas en 1982, el regreso de los gobiernos constitucionales en 1983, los cacerolazos del 2001 reclamando "que se vayan todos", el conflicto del campo en 2008, el tratamiento de la ley que habilitó el matrimonio entre personas del mismo sexo en 2010, el pedido de justicia por la muerte del fiscal Nisman en 2015 y el intento de establecer la legalización del aborto desde 2018, fueron algunas de las tantas veces que salimos a las calles sin ser convocados por ninguna agrupación política en particular. Hoy, las redes sociales cada vez tienen más fuerza, para esquivar la censura de los medios hegemónicos y tejer vínculos de autoprotección.


A veces pareciera que emulamos a Sísifo quien según la mitología griega había sido condenado a empujar cuesta arriba por una montaña una piedra que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo, repitiéndose una y otra vez el frustrante y absurdo proceso.

Quizás al decir de Camus, la lucha de sí mismo hacia las alturas sea suficiente para llenar el corazón del hombre. Un año nuevo siempre renueva la esperanza de que la persistencia de muchos, revierta la condena.


Publicado en el diario La Prensa el 02-01-2020

http://www.laprensa.com.ar/484433-La-corrida-de-los-ceros.note.aspx