La falacia del justo medio

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi


De acuerdo con la filosofía aristotélica, uno de los pilares de nuestra civilización, se considera que lo propio del hombre es la racionalidad. Este atributo de la inteligencia se pone de manifiesto en un orden medido. Lo propio del acto racional es un punto virtuoso que se encuentra equidistante de los dos extremos que son vicios. Para el Estagirita, la virtud ética es un hábito operativo que lleva a elegir el equilibrio entre polos opuestos. Por ejemplo: quien es verdaderamente valiente se encuentra en un punto intermedio entre el que es temeroso (medroso e irresoluto) y el temerario (excesivamente imprudente arrostrando peligros); la generosidad se opone tanto a la tacañería como al derroche irresponsable, la modestia, tanto a la timidez como al descaro.y así podríamos seguir.


De este modo, nuestra cultura occidental ha visto las bondades de ser equilibrado y mesurado. De ahí que la "corrección política" haya identificado a los extremos como indeseables fundamentalismos. Y a todo fundamentalismo como una funda-mental que impide pensar correctamente.


CELESTES Y VERDES


Llegamos a nuestro punto. La herida abierta en 2018, sigue sangrando y lejos de curarla se la escarba cada día un poco más. La grieta social a la que nos vinimos acostumbrando dejó una brecha insalvable que ubicó a "celestes" y "verdes" en extremos opuestos.


Hay quienes han caído en la trampa, considerando que si son extremos no son buenos, ya que lo mejor es ser un moderado "turquesa" que habilite el aborto libre y gratuito para quienes "de todas maneras lo harán" y permita seguir con su embarazo a las que quieran a su hijo.


Esta aberración, disfrazada de neutralidad, justifica la separación de las personas en dos categorías: las deseables y las indeseables. Discriminación en sumo grado si se considera que no se las está menoscabando por alguna cualidad accidental (etnia, características físicas, nivel económico etc.) sino por el hecho de estar vivas.


LOS GRISES EXISTEN


Es verdad que los grises existen. Todos podemos acordar en que no es lo mismo, moralmente hablando, que aborte una mujer abusada, menor de edad, presionada por sus padres o su pareja, con inconciencia de lo que la vida humana representa; a que lo haga una adulta que se embarazó como consecuencia de actos sexuales consentidos y deliberados sin compromiso ni responsabilidad. Entre estas opciones habrá muchas otras que podrán tener distintos elementos que, quien corresponda, juzgará en la situación particular. Pese a esto, no se modifica el acto objetivo de eliminar a un ser humano inocente. Podrán encontrarse atenuantes o agravantes. Pero son cuestiones distintas.


Viene a cuento recordar el pasaje veterotestamentario del libro de Reyes: dos mujeres se disputaban un niño. Ambas decían que era su hijo. El Rey Salomón al no saber quién estaba en lo cierto propone dividir al niño en dos partes y dar a cada una la mitad. Una de ellas acepta el trato "igualitario", la otra , no. Así Salomón reconoce sabiamente a la verdadera madre: la que se niega a partir a su hijo en dos, aunque ella no salga equitativamente" beneficiada en la disputa.


Como en este caso, no hay posibilidad de componendas. Respecto de la legalización del aborto libre no hay medias tintas que dejen contentos a unos y a otros. Se está a favor de considerar el derecho a vivir de las dos personas involucradas en un embarazo o de tomar en cuenta solo a una. Se respetan a todas las vidas humanas o no se las respetan.


Volviendo a las enseñanzas aristotélicas, para no caer en simplismos, es necesario observar que, aunque la virtud sea un punto medio, su ejercicio en sí mismo, es un extremo: si virtud se opone a vicio, un polo es el vicio y otro la virtud. El concepto de "justo medio" no puede aplicarse a cualquier realidad. Una cosa es "justo medio" y otro tibieza moral.


No vaya a ser que a la verdadera madre del juicio de Salomón se la considere una extremista por querer conservar a su hijo entero.


Publicado en el diario La Prensa el 05-03-2020

http://www.laprensa.com.ar/486319-La-falacia-del-justo-medio.note.aspx