La lucha por la hegemonía

Actualizado: 22 de nov de 2020

Por Juan Pablo Ialorenzi


El filósofo Antonio Gramsci ofrece una disruptiva reflexión sobre las posibilidades de la doctrina marxista. Así como Lenin y Mao la adaptaron a la URSS y a la República Popular China respectivamente, Gramsci ideó una estrategia que favorezca la conquista del poder en los países latinos.


¿Qué presupone Gramsci?


El materialismo es para Gramsci la oposición a toda cosmovisión espiritual de la vida, que desalienta la búsqueda del “paraíso terrenal” proclamado por el marxismo. Desde este enfoque, el principal enemigo del comunismo es el cristianismo, no por el materialismo en sí, de hecho, el cristianismo atribuye una gran importancia a la materia, cosa que otras religiones no. Sino por la trascendencia que subyace a la religión. Para él, todo lo que es realidad es materia histórica y socialmente organizada por la producción, lo demás son distracciones, evasiones de la realidad. Entonces, el inmanentismo absoluto es el eje central de esta filosofía, es la completa “mundanización”.


Las fuerzas y relaciones de producción que organizan la materia conforman la estructura. Mientras que las superestructuras son inventos del hombre, que para Gramsci son la moral, la familia, la religión, la política, el derecho y la economía. También establece una distinción entre la sociedad civil y la sociedad política, las dos pertenecen a la superestructura, y ésta es la interdependencia de ambas sociedades. La sociedad civil es “el conjunto de organismos denominados privados que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce sobre toda la sociedad”, es decir, el conjunto de organismos que poseen la hegemonía doctrinal e intelectual, que crea un modo de pensar en una comunidad determinada, un “sentido común”. La sociedad política es el conjunto de organismos que ejercen una función coercitiva sobre la sociedad. La hegemonía es propia de la sociedad civil, mientras que el dominio, de la política. Ambas controlan a la sociedad y se complementan para su buen funcionamiento. Cuando se confrontan surge la crisis.


¿Cómo logró influir?


Gramsci atribuye la duración y la efectividad de la revolución a la toma de conciencia de esta situación y a la lucha en la superestructura. Los revolucionarios deberán entrar al mundo de la intelectualidad para influir ideológicamente. Como señala el politólogo Agustín Laje: “lo más importante en una batalla cultural no es necesariamente el control de los dispositivos que difunden ideas, sino también, y principalmente, el control sobre los dispositivos donde las ideas se fabrican y se producen, es decir, el control de las universidades”.


Una ideología es una visión parcial del mundo que se ve en las artes, en las leyes, en la economía, y hasta en las costumbres. Esta influencia es ejercida por los medios, la escuela y las manifestaciones artísticas y religiosas. Para imponer la nueva ideología, estratégicamente se debe ir alterando el modo de pensar tanto del intelectual como del “uomo qualunque”. Gramsci define a este sentido como “la filosofía de los no filósofos”, la concepción del mundo que está por detrás de la cosmovisión que sostiene el hombre común. Influir en las palabras es el modo de cambiar el modo de ver las cosas. Los eufemismos actuales como “interrupción del embarazo” en lugar de decir “aborto”, intentan prefigurar una valoración positiva en un hecho negativo. También imponer moralmente la deformación del lenguaje, como con el reemplazo del género de las palabras por la supuesta neutralidad de la letra “e”, que busca generar una indiferenciación entre los sexos. Así, quien controla el modo de hablar, moldea el modo percibir y dar sentido a las cosas.


Desde esta perspectiva, las instituciones y los medios funcionan como fuentes de sentido común de una sociedad. Como bien señala el P. Alfredo Sáenz, el “hombre común”, quien es influenciado por ellas, quizás no puede poner en palabras las razones por las que sostiene determinada “verdad” pero sabe que existen porque las oyó alguna vez y quedó convencido. No se molesta en indagar sobre el sentido de lo que hace ni en profundizar ni cuestionarse las razones. El éxito está en unir a los intelectuales y a los analfabetos en las mismas ideas. Si bien la profundidad de la reflexión puede variar, la doctrina es la misma. La estrategia es llegar a las masas, no por el medio de la violencia coercitiva, sino impregnando su pensamiento paulatinamente.


Para que esto se logre se necesita de los “intelectuales orgánicos” que muestren a las ideas como posibles, porque, según Gramsci, las masas son incapaces de levantarse contra el poder por voluntad propia, porque, como también afirma Ortega y Gasset, ni siquiera son conscientes de su condición, y porque la innovación no puede ser pensada por la masa, sino por pensadores dedicados a eso. Además, porque un levantamiento puede generar consecuencias negativas para los grupos actuantes.


Es importante señalar que, para poder manipular a las masas, en primer lugar, deben estar alfabetizadas. Un claro ejemplo es la “pedagogía del oprimido” freireana, en donde, a la par que se enseña a leer y a escribir, se imparte un modo de pensar. Sin denostar en gran trabajo de Paulo Freire en materia de alfabetización de Brasil, la ideología del autor no deja de ser relevante en su modo de enseñar. También, el pedagogo brasilero, en “El grito manso”, habla de la importancia histórica de los sujetos en la lucha. Siguiendo la temática de la docencia, el intelectual toma las ideas populares para amoldar de forma más amena las suyas, como el maestro que toma el mundo del estudiante para traducirlo en estrategias didácticas. Y así el “educador” también aprende del mundo -necesario para la filosofía de la praxis-. Así se amalgaman los intelectuales y las masas que son informadas por sus ideas.


Destrucción y construcción


Como resalta Saenz en Antonio Gramsci y la revolución cultural: “Gramsci no apuntó a los medios de producción, como Marx, ni a los medios de poder político, como Lenin, sino a los medios de comunicación y educación, considerándolos como el objetivo básico para la conquista del poder. (…) la conquista de la hegemonía es más importante que la toma del poder político. (…) la toma del poder político será como recoger una fruta madura”. También afirma que dicha estrategia es atemporal y las alianzas pueden variar, pero el fin siempre es el mismo: modificar los valores de la sociedad.


La infiltración en las instituciones debe ser progresiva, para poder influir en sus mecanismo y modos de pensar. Hay que ser lo suficientemente sigilosos como para no provocar una defensa. Como dice muy claramente Mao, solo se destruye lo que se suplanta. Este proceso tiene dos pasos. La destrucción y la construcción. En el momento de destrucción se buscará atacar a la hegemonía para que poco a poco lo único que le quede a la clase dominante sean los medios coercitivos. El modo de influir es desmoralizándo y ridiculizando mediáticamente la religión, esto será fácil una vez tomados los medios de comunicación y llevará a la exclusión moral a quienes se opongan -atendamos a la censura y autocensura de ciertas ideas políticamente incorrectas-. Pero también mostrarán que las ideas comunistas son compatibles con una cosmovisión trascendental. Las primeras estrategias fueron la infiltración en la iglesia y mostrar a políticos "católicos" en el partido. Unos ejemplos: en el Partido Comunista Español, un sacerdote (posteriormente secularizado) formó parte del Comité Central; el Partido Italiano en 1975 presentó listas con candidatos que se presentaban como católicos, antes que como comunistas, y se asociaron, con el llamado "compromesso storico" a la Democracia Cristiana para demostrar una mutua simpatía. Estas estrategias también fueron utilizadas por el comunismo latinoamericano. Otro ejemplo más actual es el del candidato demócrata Pete Buttigieg. El año pasado citó, de modo literal, la Biblia para defender su posición abortista extrema diciendo que la vida comienza con la respiración. Actualmente la organización abortista Católicas por el Derecho a Decidir financiada por la IPPF, busca generar la idea de que el aborto es aceptable para los católicos. También, recientemente el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero expresó ser católico y estar a favor del aborto, por más de que tanto las autoridades como las enseñanzas de la iglesia se oponen firmemente. Esto engendrará la duda acerca del valor de la hegemonía. También los comunistas, dice Gramsci, deberán mostrarse como defensores de la democracia para atacar a los valores dados, si bien el fin es la implantación de un pensamiento único. Paulatinamente surgirán traidores que, si bien, seguramente no se autodenominarán como marxistas, al dudar de sus valores ya no serán enemigos del comunismo. Luego, el momento constructivo, será repetir constantemente la misma dotrina, sin modificarla y a todas las clases por igual. Y después, con el tiempo se formará un grupo de intelectuales que pueda seguir transmitiendo las ideas.


Inmanencia


El Partido Comunista es un sujeto histórico lo suficientemente flexible como para adaptarse a cualquier momento y a cualquier sociedad, pero su fin siempre es igual: luchar contra la cosmovisión trascendente, con el fin de imponer necesidades exclusivamente terrenales que favorezcan la lucha de clases. Por eso hoy los movimientos izquierdistas hegemónicos niegan la dignidad superior del humano, igualándolo al resto de los seres. También niegan lo objetivo, ocultando la fuente de una verdad absoluta. Atacan la naturaleza biológica de la persona, ignorando un origen externo que se la haya concedido. Sin reconocer lo dado no hay valor que pueda sostenerse, todo entra en la duda. Mientras una mirada trascedente de la existencia siga influyendo en el “sentido común”, el marxismo no podrá dominar completamente. Es importante estar atentos (no perseguidos) a los intelectuales que hablan desde la inmanencia y la modernidad con un “mensaje renovado”. Es momento de retrucar esta toma de la sociedad civil y política. La lucha contra la trascendencia es la lucha contra la humanidad.


Publicado en Alt Media el 28-03-2020

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