La salud de las mujeres

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi


En el día de ayer, con motivo de la conmemoración del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, se realizó en la Cámara de Diputados de la Nación, una reunión informativa de la Comisión de Mujeres y Diversidad con la participación de activistas feministas.


La diputada Natalia Villa enfrentó con dureza y valentía a los legisladores que quieren aprobar la legalización del aborto. “Me da mucha tristeza que hoy muchas mujeres no tuvimos representación en esta charla…yo soy parte de ese colectivo de mujeres que no cree que el aborto sea un derecho humano. Me hubiese encantado tener hoy la posibilidad de tener una oradora que me represente y que represente a muchas mujeres argentinas. En el año 2018 tuvimos este debate por la despenalización y legalización del aborto y vivimos un congreso dividido, una plaza y un país divididos. Hoy en 2020 pasa exactamente lo mismo. Es muy triste que en esta comisión no hayamos dado la oportunidad a un montón de mujeres que también están representadas. La verdad es que siento que vivimos en una comisión donde suena una sola campana, donde todas nos aplaudimos el discurso que queremos escuchar. Bueno, no. Somos muchas las mujeres que creemos que el aborto no es un derecho. Somos muchas las mujeres que pensamos distinto y también tenemos que tener la posibilidad de hablar, y no solo de hablar sino también de exponer, porque eso también nos enriquece como mujeres. Tenemos que empezar a entender que cada una tiene una postura y vale. Yo las escucho, respeto su postura, pero no la comparto, lo único que pido es que tengan la misma “sororidad” con nosotras, las que pensamos distinto. Es hora de que trabajemos todas juntas y que podamos convivir, aunque no pensemos igual. Hoy soy la única en toda esta comisión que tiene una voz distinta, pero no soy la única en la Argentina que piensa que el aborto no es un derecho humano”.


La simple vista de quienes fueron invitadas a hablar en la reunión recuerda la famosa frase de Orwell en “Rebelión en la granja”- permítaseme el parafraseo- “Todas las mujeres somos iguales pero unas más iguales que otras”


Incoherencias


Una de las características que nos define como humanos, es la capacidad de razonar.


Ensimismarse, preguntar y cuestionar es algo en lo que no nos puede igualar ningún otro ser corpóreo sobre la tierra.


Como en cuarentena hay tiempo libre y la potencia intelectiva no tiene por qué quedar enclaustrada, viene bien detenerse a reflexionar sobre argumentos o expresiones lingüísticas de la razón a las que nos tuvieron acostumbrados en los últimos dos años quienes promueven la legalización del aborto.


Lo primero que llama la atención es que argumentos que pretendieron ser convincentes otrora, en este contexto se volvieron de cabeza.


La OMS y la salud


La Organización Mundial de la Salud la define como aquel estado de completo bienestar, físico, mental y social, y no solamente ausencia de afecciones o enfermedades”. Si bien esta definición puede despertar por si sola muchísimas preguntas, por un momento partamos desde ella y tomémosla como válida.


Desde el año 2018, los grupos abortistas blandieron esta definición amparándose en este concepto amplio de salud. Incluso la salud mental y social podían llegar a tener predominancia sobre la salud física, ya que la biología y las verdades de las ciencias que atienden a lo corpóreo, estaban desestimadas en favor de las vicisitudes psicológicas y los contextos socioculturales.


Pues resulta que en estos días la pandemia, repentinamente borró de un plumazo lo antes dicho. Para la planificación sanitaria oficial lo único que parece importar es la salud estrictamente física. En la prolongada cuarentena, muy pocas palabras en amparo de la salud mental ni la salud social. La angustia por los afectos lejanos y la incertidumbre ante una economía doméstica empobrecida son desestimados por la microscópica partícula de la COVID-19.


Con mi cuerpo hago lo que quiero


El dogma de la autodeterminación por sobre todo otro parámetro de conducta fue el caballito de batalla de los grupos abortistas: “Mi cuerpo es mío”, “mi cuerpo, mi decisión”, “sobre mi cuerpo decido yo”. Frente a este planteo no servía demasiado mostrar la evidencia del mal que se le hacía a otro cuerpo. De pronto a mi cuerpo no puedo trasladarlo más de cinco cuadras y solo con un permiso especial de autoridad competente. Nuevamente, y de un plumazo, mi libertad quedó en un segundo, tercero, décimo plano ante la hipotésis de perjudicar a otro.


Cuando una vida se cae


Que el embrión es vida. No hay duda. Que la vida de un ser resultante de la unión de dos gametos humanos, es humana, es imposible negarlo. “Una economía que se cae, se levanta, pero una vida no”. Perfectamente claro y real. ¿Y aún así se sigue tratando de legalizar el aborto en nuestro país?


Y se podrían seguir enumerando incoherencias, todavía queda bastante cuarentena como para seguir pensando.


Publicado en el diario La Prensa el 03-06-2020

http://www.laprensa.com.ar/489605-La-salud-de-las-mujeres.note.aspx