La transmigración de las almas y la cultura pop

Por José Durand Mendioroz

En la historia de las creencias religiosas es muy común encontrarnos con doctrinas que consideran que después de la muerte el alma migra y tras un proceso de olvido de su vida pasada, se reencarna en otro cuerpo. Esta idea subyace en el budismo y en el hinduismo, pero no es en absoluto ajena a las antiguas culturas occidentales. Los griegos por ejemplo, hablaban de la metempsicosis, “la migración de las almas”, en tanto que Julio César en su Comentario a la Guerra de las Galias refiere que los galos creían en la reencarnación, lo que los motivaba a una valentía sin par en las batallas.


Naturalmente, las variantes de esta creencia básica, que abarca miles de años y un espacio geográfico enorme, son numerosas tanto en los relatos míticos que las enmarcan, como en las significaciones propiamente religiosas pero, no obstante, pueden encontrarse elementos comunes. El más evidente, es el llamado dualismo antropológico; en efecto el espíritu es considerado inmortal y migra a través de diferentes cuerpos, que vienen a ser como contenedores de las almas. Alguna vez se ha ensayado la metáfora de que el alma es el capitán que guía el barco, que es el cuerpo. Podemos advertir que cuerpo y alma forman una unión contingente y circunstancial de dos principios, y no una unión necesaria y consubstancial en una misma esencia, como lo es para la antropología cristiana. No se trata solamente de que lo espiritual sea un principio superior al de la materialidad corporal, sino que la persona humana se identifica únicamente con su parte espiritual, desechando lo corpóreo.


Esta minusvalía de lo corpóreo se ve profundizada hasta la raíz en aquellos sistemas que sostienen que la materia es obra del mal o de una deidad imperfecta (llamada por lo general “el demiurgo”) por lo cual el estatus del alma pasa a ser de “prisionera de un cuerpo material”. El cuerpo, ya no es un mero envoltorio del espíritu, sino que pasa a ser calificado como su “cárcel” o peor aún, su “sepultura”. En estos esquemas filosófico-teosóficos la salvación del alma proviene de una gnosis (conocimiento liberador) mediante la cual el alma adquiere conciencia de su verdadera jerarquía y –mediante las técnicas correspondientes- se libera para siempre de la materia y se reintegra al ámbito de lo divino, desde el cual en algún momento había salido.


En la cultura “pop” contemporánea (cómics, cine, series) se ven rastros de este dualismo cuerpo- espíritu, si bien con sus peculiaridades. El marco ideológico o de “pre-comprensión” de estos desarrollos argumentales –a mi modo de ver- tiene que ver fundamentalmente, aunque no exclusivamente, con la influencia de las diversas espiritualidades que se agrupan bajo el común denominador de la New Age. El clásico en esta materia es The Matrix, pero voy a referirme a tres series para streaming muy recientes, algunas en pleno desarrollo.


"...la confusión de las identidades, ya se está dando en nuestras sociedades por obra y gracia de la ideología de género..."

En primer lugar, Travelers (viajeros) en la cual una Inteligencia Artificial desde un futuro lejano, envía a través del tiempo y del espacio, la “consciencia” de algunas personas especialmente entrenadas que se “instalan” en seres humanos contemporáneos “borrando” su conciencia. O sea, la nueva consciencia pasa a vivir en el “huésped” cuya consciencia es desplazada (la matan y no sabemos a dónde va, pero nótese la diferencia de otros argumentos anteriores donde la “tele transportación” se da con personas “enteras”).


Otra serie, aún en emisión, es “los 100”, ubicada en un futuro trans- apocalíptico cercano, donde el desarrollo tecnológico hace que el “espíritu-consciencia” de las personas puedan almacenarse en un chip, el que puede ser implantado en otros cuerpos (previa muerte del receptor, cuyas consciencias tampoco se sabe adónde van). En ambas series puede verse un dualismo extremo: el ser humano es su consciencia que puede pervivir en diferentes cuerpos. Puede advertirse una enorme distancia de las creencias antiguas, donde la transmigración se entendía como algo inserto en un sistema cósmico, sin desplazar a nadie de la vida. Porque la vida, en la ideología de estas series, está limitada a la inmanencia, no existe una vida trascendente ni un Dios trascendente. ¿Qué ocurrió? Pues sencillamente que la razón humana soberana desplazó, “borró”, no sólo la idea de Dios, sino también de cualquier sistema cósmico autónomo, que llamaremos genéricamente “gnóstico”, al cual deba someterse.


Pero donde estos elementos se desarrollan hasta el paroxismo es en la serie Altered Carbon (carbón alterado) ubicada en un futuro lejano donde la humanidad, tras dominar la correspondiente tecnología, almacena sistemáticamente los cuerpos de las personas fallecidas, que son conservados y reutilizados, también con el recurso de la implantación de un chip. El cuerpo es llamado “la funda”… Para entonces, la humanidad ha producido una clase social obscenamente rica que –oh sorpresa- es la que hace las reglas y las cambia a su parecer. Ellos han obtenido la inmortalidad (salvo que un pervertido destruya el chip), pero los ricos habrían solucionado este pequeño inconveniente clonándose y hasta “reactualizando” su consciencia en una “nube” cibernética, de modo tal que aun destruyéndose el chip, pueden usar otro de repuesto y seguir viviendo. Ciertamente, el resto de la humanidad se somete a estas imposiciones, incluyendo una masa de marginales que viven en una absoluta miseria material y moral.


Pero las formas de asesinar -aún a los ricos- simplemente se sofistican, porque bien puede un hijo clonar el cuerpo de su padre, matarlo y suplantarlo con la correspondiente transferencia de chip. Nadie sabe en definitiva quién es quién ni con quién está hablando. Al menos, en la serie se denuncia esta aberración en que se ha convertido la humanidad, donde los poderosos son “inmortales” a costillas del resto. El súper villano de la serie lo expresa abiertamente: “Dios no existe, nosotros lo hemos suplantado”. El sueño de la razón produce monstruos, Francisco de Goya dixit.


Las tramas futuristas nos producen la –para nada irracional- zozobra de que nuestro derrotero puede ir para ese lado. Tenemos actualmente campeando la pre-comprensión gnóstica, las ideologías de la muerte de Dios y su suplantación por la soberbia de los poderosos. Aunque el dualismo antropológico sea un error y creamos por la fe, la filosofía y el sentido común, que el espíritu humano ha sido creado para animar un cuerpo que –quiérase o no- es parte integral de nuestro ser desde el momento de la concepción hasta la muerte. Es metafísicamente absurdo creer que una persona pueda ser encerrada en un chip. Pero no creo que dejen de intentarlo, al costo de las vidas que sea necesario, eso es lo preocupante. Al fin y al cabo, lo más “loco” de Altered Carbon, que es la confusión de las identidades, ya se está dando en nuestras sociedades por obra y gracia de la ideología de género, donde una mujer puede autopercibirse varón y quedar embarazada artificialmente en carácter de "cuerpo gestante”, donde un varón cuarentón puede autopercibirse como una niña de seis años, o como un perro; y por medio de una ficción jurídica la sociedad tiene la obligación de tomarlo como cierto. El objetivo es borrar la diferencia de los sexos, es decir, de los cuerpos.


También está la eliminación de vidas de las persona antes de nacer. Es la misma falta de respeto de la soberbia de los poderosos ante la realidad y la dignidad de nuestros cuerpos.