Las cosas por su nombre

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi


Pensamos con palabras. Y las palabras conforman nuestro pensamiento. Cada una de ellas es mucho más que una sucesión de sonidos o una seguidilla de letras ordenadas de un modo determinado. Cada palabra se representa en nuestra mente y se entrelaza con nuestra historia personal, aprendizajes y saberes, despertando un mundo de representaciones. Ya nadie duda que, a través de ellas, nuestros pensamientos son moldeados y con ellos los estados de ánimo y la salud.


Cada momento histórico tiene su jerga, sus eslóganes y sus frases hechas. Nuestra pandémica época no se queda atrás. Algunos términos se oyen recurrentemente en cuanto medio informativo o de opinión sale a la luz. Para sortear el conjuro de la manipulación del lenguaje -y de los pensamientos- nada mejor que volver al diccionario y poner los pies en la tierra.


NO ES GUERRA


El mundo acordó que estamos en una guerra. Una guerra ante un enemigo invisible que ataca a la humanidad toda. "Corona nos ataca y entre todos nos vamos a defender"!. Este concepto se implantó en los medios y trascendió fronteras. ¡Alto! Si bien "guerra" puede definirse como pugna, lucha o combate (cuarta y quinta acepción), en sus primeros significados la palabra refiere a "desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias" y "lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación". En un sentido estrictamente técnico es un conflicto violento entre grupos humanos que buscan dañarse mutuamente mediante el uso de armas.


Lo que ponemos como material de reflexión es que este concepto, como todos, trae otros de la mano. Si pensamos en una guerra, nos preparamos psicológicamente para aceptar que existen bandos opuestos, que los del mismo grupo son hermanos de lucha, que es posible que existan desertores y traidores y que por lo tanto deben ser penalizados fuertemente porque la obediencia es un factor fundamental y que muchas acciones que en otro contexto vulnerarían los derechos humanos, en este, están justificadas.


Todas estas afirmaciones son el correlato lógico si la primera afirmación (estamos en guerra) es asumida.

Pero, ¿Entender la pandemia como guerra no sería un alto riesgo para las libertades individuales si consideramos que en este escenario todo aquel que disienta respecto de las medidas adoptadas por los estados o tenga otras apreciaciones respecto de la pandemia, puede encuadrar en la categoría de traidor a la causa de la humanidad? Además.en la guerra todo vale.


DE HÉROES Y HEROINAS


Viktor Frankl, el ilustre psiquiatra vienés que fue víctima de los campos de concentración nazi, afirmaba con noble ecuanimidad que la responsabilidad siempre es de cada uno. "Quien hable de culpa colectiva está siendo injusto". Ser responsable de los actos es prerrogativa exclusiva de la persona, no de un grupo social.


En nuestro escenario pandémico, de repente, determinados grupos humanos pasaron a ser los héroes de la obra (¡Atención! otro concepto también asociado a la "guerra"). Buen momento para reflexionar sobre la heroicidad.


Se dice héroe o heroína a la "persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble" es decir que renuncia a sus deseos o intereses, generalmente por razones religiosas o altruistas. En este contexto, sabemos que muchos trabajadores lo son, ocultos en el anonimato de la cotidianeidad. Pero en todo caso siempre son personas individuales, nunca "colectivos". La heroicidad exige libertad para decidir donarse. Y el libre albedrío nunca es de un "rubro".


Habrá quienes hacen su trabajo con amor y entrega, habrá otros que lo hacen porque es su obligación y otros que preferirían no hacerlo pero de ello viven y no les queda otra posibilidad. Poner a todos juntos, es naif e injusto con los verdaderos héroes.


FAKE NEWS Y DISCURSOS DE ODIO


"Entonces la serpiente le dijo a la mujer: ¡No morirán!" (Gn.3:4). A partir de ese momento la primera mentira abrió la puerta a todas las que conviven en nuestra existencia finita. Siempre hubo mentiras ocultas y mentiras publicadas. Mentiras hogareñas y mentiras grandilocuentes en medios influyentes. A esta última cuestión nos dedicaremos.


La irrupción de las redes sociales y los canales de comunicación no formal hicieron que el control de la información sea cada vez más huidizo y presente filtraciones que escapan a la vigilancia de la "corrección política". Lógicamente, coexisten errores evidentes, ampulosas exageraciones y delirios compartidos con propuestas razonables y deducciones verosímiles.


En los últimos tiempos, el concepto de fake news (noticias falsas) y "discursos de odio" revolotean la sociedad e incitan a la elaboración de normativas que los detengan. Ya se han presentado proyectos de ley que impedirían su difusión y penalizarían a quienes los publiquen.


Cuando una persona se ve afectada por una mentira publicada, siempre tiene la posibilidad de recurrir a la ley para que se haga justicia. ¿Es necesaria una nueva normativa? ¿Cuán cerca se estará de la censura? ¿Qué límite delgado se puede establecer entre la noticia que se dice falsa y la noticia que no quiero que se sepa?


Publicado en el diario La Prensa el 14-05-2020

http://www.laprensa.com.ar/488803-Las-cosas-por-su-nombre.note.aspx