Lejana independencia

Actualizado: ago 1

Por Juan Alonso


Hace 204 años, se declaraba la independencia de las Provincias Unidas de Sud América. El contexto: la tensión entre Buenos Aires y el resto de las provincias era considerable; el litoral, por ejemplo, había quebrado sus relaciones con el gobierno central; los portugueses avanzaban hacia la Banda Oriental debilitando la independencia; y la reorganización de las fuerzas realistas amenazaban desde el norte, y ya dominaban Chile. Sobraban inclemencias que podrían derribar la esperanza y el plan de la libertad sudamericana.


En España, Fernando VII había vuelto al poder luego de derrotar a los franceses. Sus tropas se alistaban para recuperar el control sobre las Provincias Unidas, que estaban en manos de las fuerzas revolucionarias. Frente a todos esos peligros, los grandes líderes de la época unieron sus voluntades para poder completar un hecho político, que sellaría para estas tierras: la libertad. El Gral. Manuel Belgrano, jefe del Ejército del Norte; Martín Miguel de Güemes, jefe de la guerrilla independentista y caudillo del norte; el Gral. San Martín, gobernador de Cuyo y jefe del Ejército de los Andes; y el Gral. Mayor Pueyrredón, Director Supremo en Buenos Aires.



La unión nacional, que significaba la unidad de los cuatro hombres más poderosos de este suelo, fue un hecho consumado pocas veces en nuestra joven historia. Tal vez, el acuerdo de San Nicolás en 1853, y el proyecto de la generación del 80, fueron un cercano intento de copiar dicha unidad. Nunca más supimos abrazarnos los hermanos de esta patria, para escribir en conjunto líneas que expresen un proyecto común, donde avancemos hacia el porvenir de la Argentina. No nos permitimos los argentinos ser testigos de líderes que confluyan un rumbo. La hoja de ruta se halla, está perfectamente diseñada, cuenta con un apoyo absoluto por parte de los argentinos, pero esta vez son los líderes quienes eligen apartarse de ella, nuestra Constitución Nacional.


Invito a que volvamos a abrir nuestra Constitución Nacional, que celebremos el 1° de mayo como su concreción, pero, sobre todo, que volvamos a encontrar motivos para estar juntos y ser libres nuevamente. Los padres de nuestra Nación han sabido planificar para nosotros, sus hijos, un camino al desarrollo con una Carta Magna de vanguardia. Imagino el dolor de San Martín, de Belgrano, de Güemes y de cada diputado y representante de las provincias de aquel 9 de julio de 1816, observándonos, y pierdo las fuerzas. Hago mías esas penas. Cada vez que redactaban documentos rectores, nosotros éramos incluidos en ellos como “la posteridad”. Fuimos parte de sus sueños que supieron concretar contra todo pronóstico, dejando burdas diferencias de lado, con mucho sudor y resignando triunfos individuales, sembrando con sangre estas tierras e invocando a Dios con su razón.


Unidad nacional verdadera la de aquellos años, que incluyó a comunidades indígenas haciendo cientos y miles de copias en quechua y aimara. Esos patriotas, hoy acusados por algunos de retrógrados, oligarcas o conservadores, fueron los primeros soñadores en concretar la revolución de la causa más legítima y grande, la libertad, la igualdad y el respeto, a través de una organización constitucional. Por lo tanto, ¿qué debate tan trascendente estamos dando para desunirnos así? Cuanto menos hagamos el duro ejercicio de releer nuestro surgimiento como Nación, más nos alejaremos de nuestra esencia, y más seguiremos caminando hacia la pobreza y la miseria que hace tanto tiempo nos azotan.


Definitivamente hubo un quiebre en nuestra Argentina. La patria ya no pareciera ser el suelo que dio de comer a nuestros padres y abuelos, o que puede garantizar el bienestar a nuestros descendientes, tampoco es el argentino aquel caracterizado por su humanidad. Espero reencontremos, con la excusa de un 9 de julio, la unión que sin dudas será causa de prosperidad y verdadera libertad. ¡Viva la Patria!


Publicado por Juan Alonso el 9 de julio de 2020 en https://medium.com/@juantealonso/lejana-independencia-fc69e5e184b7.