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Liberación y... ¿empoderamiento?

Actualizado: 11 de abr de 2019

Por Juan Pablo Ialorenzi y Myriam Mitrece



La lucha por la "liberación sexual" es una constante dentro del discurso feminista radical. Desde esa perspectiva, la mujer monógama es sumisa y, por lo tanto, oprimida. El matrimonio heterosexual y monogámico, una tradición a erradicar porque la "construcción de la subjetividad femenina" a partir de un enfoque relacional la ubica en una posición de poder desventajosa respecto del varón.

El heteropatriarcado y su normatividad cultural, son los opresores en una relación de fuerzas en la que el cuerpo, el deseo y el placer de la mujer es ocultado. Siguiendo esta postura, el "delito" del cual se acusa al varón (patriarca) es el de sojuzgar a la mujer para que ésta le sea fiel, condenando socialmente a la que no lo es, a través de una estrategia cultural de presión y represión.

Pero su ejercicio de poder no termina allí, a su vez el hombre también puede tener relaciones sexuales con varias mujeres y ser visto como un "ganador" por sus pares. Como si, mientras más mujeres se llevara a la cama, mayor fuera su rango en este tejido de relaciones sociales opresoras.

Aunque este tipo de discursos suelen ser ideologizados, sus difusores lo aceptan sin juzgar, solamente por el colectivo del cual provienen. De todas formas, no podemos negar que está fundado en una parte de la realidad. Tradicionalmente nuestra cultura "premia" al hombre que acumula relaciones ocasionales y denigra a la mujer que las tiene con muchos hombres. Esto es parte de un conjunto de concepciones sociales que no necesariamente deban conservarse, ya que nada hay de meritorio en la banalización de las relaciones sexuales humanas, venga de quien venga. 

Pero esta cuestión, sobre todo en este último tiempo marcado fuertemente por el movimiento feminista radical, las costumbres se han ido modificando de manera notable.


...el feminismo radical, pretende que la mujer ocupe el rol masculino hasta en aquellos lugares donde el hombre se ha equivocado.

Luchas entre feminismos

Encontramos exponentes mediáticas que consuetudinariamente expresan a través en sus cuentas de Instagram y Twitter, su orgullo y necesidad de mantener relaciones sexuales con parejas ocasionales, y por ello son aplaudidas por la tribuna.

Hace poco se difundió en las redes una discusión entre dos activistas del feminismo radical: una acusando de hipócritas y esclavas del patriarcado a las mujeres que siguen los parámetros de belleza estereotípicos y exponen su cuerpo en las redes. Otra, salió al cruce, sosteniendo que ese comentario iba contra el empoderamiento de la mujer. Estamos frente al extraño fenómeno de la mujer "liberada" que se presta voluntariamente a ser tomada como objeto de placer.


Banalización de la sexualidad e instrumentalización

Es cierto, que ante estas mismas acciones, hombres y mujeres son mirados de forma diferente. Pero para ambos, la banalización de la sexualidad instrumentaliza al otro. Cada uno pasa a ser para el otro, solo una herramienta para el propio placer. La cosificación de la persona es inhumana, y ese es uno de los grandes males de la sociedad. "Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio" decía el filósofo prusiano Immanuel Kant en su ética.

Estaba claro que esto debía cambiarse, pero esta época posmoderna dio el giro de rosca equivocado. Hoy gran parte de la sociedad acepta sin cuestionamientos la infidelidad, la promiscuidad y toda aquella conducta esquiva al compromiso de un vínculo sólido, estable y permanente.

¿Cuándo nos volvimos una sociedad que aplaude al que instrumentaliza a las personas y que ningunea a aquel que las respeta? Acaso, ¿No sería mejor que el giro de la vuelta para el otro lado?


El giro equivocado

Hoy, por una lucha cegada, el feminismo radical, pretende que la mujer ocupe el rol masculino hasta en aquellos lugares donde el hombre se ha equivocado. Terminan pareciéndose a lo que tanto odian. Y en su error se invisibiliza el verdadero lugar de la mujer.

La conocida feminista Judith Butler lo expresa claramente: la mujer no existe. "El género ya no es expresión de un ser interior sino una actuación reiterada y obligatoria de normas que 'performan', abiertas a la transformación y resignificación social".


Falso empoderamiento

Frente a esto, cabría preguntarse ¿qué es "empoderarse"? ¿es más "empoderante" tener relaciones sexuales con muchos hombres que las tratan como un objeto de placer o estar solo con uno que las respete para toda la vida?

Ante el estereotipo del varón promiscuo y de la mujer fiel, nuestra época intentó equilibrar la balanza y puso a la mujer en el lugar del hombre, aceptando las relaciones ocasionales y sin compromiso para ambos sexos. Pero ¿No hubiera sido mejor que el hombre sea educado para la fidelidad, como antes lo había sido la mujer? ¿No es mejor que la sociedad fomente los vínculos sólidos y el respeto hacia los demás? ¿Qué valore el real significado de la sexualidad sin instrumentalizar a nadie?.

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