Lo pagaremos caro

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi


Volver sobre nuestros pensamientos y tomarnos como objeto de observación es una de las prerrogativas de nuestra especie. Percibimos el mundo y como parte de él también nos autopercibimos. No siempre lo que vemos y las conclusiones que extraemos son ajustadas a la realidad objetiva. Al fin y al cabo, somos erráticos humanos que vamos a tientas en una realidad que nos excede, tratando de aprehender una verdad inagotable.


Como es de esperar en este camino habrá muchísimas causas que pueden entorpecer la mirada. Algunas autoinfligidas, otras no buscadas ni queridas, pero, de todos modos, inductoras de distorsiones y engaños.


La cuestión se complica cuando en este camino complejo surge la "obligación social" de compartir, admitir y aprobar la mirada que cada uno tiene de sí mismo.


AUTOPERCEPCIÓN Y LEY


No muchos saben -fue promulgada con bastante "discreción"- que desde hace siete años la Ley Nacional 26.743 reconoce el derecho a que se respete "la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento." y garantiza que cada persona pueda decidir, desarrollar y expresar libremente su identidad de género de acuerdo con su propia autopercepción, pudiendo "involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole".


Eso implicó afirmar el derecho a modificar los datos referidos al sexo en la documentación y acceder a tratamientos quirúrgicos u hormonales como parte del Plan Médico Obligatorio (PMO) para adecuar el cuerpo a la identidad autopercibida.


Recientemente, a pocas horas de su renuncia el Secretario de Salud firmó una resolución que obliga a las obras sociales y prepagas a cubrir el 100% de los tratamientos de "cambio de sexo" que ya era gratuito en los hospitales públicos.


¿UNA NECESIDAD URGENTE?


Más allá de las costosas y complejas operaciones de los órganos sexuales, están a disposición, pagados por todos los ciudadanos, drogas para cambiar los caracteres sexuales secundarios. El informe técnico que fundamenta la resolución incluye cobertura total para hormonas femeninas, androgénicos e inhibidores de la pubertad que, según la información publicada por los laboratorios, tienen indicaciones terapéuticas para sanar alteraciones del propio sexo y no para ser usadas en el sexo opuesto. Pero eso, ya es otro tema.


Si consideramos las largas listas de espera en los hospitales, los altos costos de las prepagas y las frecuentes campañas que por las redes solicitan ayuda para la compra de medicamentos costosos, no cubiertos por las obras sociales, parece un contrasentido.


EL FONDO DE LA CUESTIÓN


Dejemos de lado las cuestiones legales y económicas. Si la autopercepción determina la realidad, estamos en un gran problema social. ¿Cuál es el límite? ¿podría autopercibirme animal o cosa? ¿Dentro de que marco legal me inscribiría? ¿estarían los demás obligados a tratarme como tal, si yo lo determino?

El gran problema social consiste en que, si cada uno es gestor, inventor de su verdad, es imposible la convivencia, porque no hay punto de unión. Cada cual en su "lugar sagrado" queda desconectado del resto en su nube de fantasía.


Y allí surge el segundo problema. Sabemos que la convivencia social exige interrelación y vínculos. ¿Quién puede volver a reunir a "los hermanitos desperdigados"? Papá Estado.


Todo individualismo extremo, termina en totalitarismo de Estado. No hay otro camino. Como seres sociales que somos, vivir en una comunidad de personas es intrínseco a nuestra esencia. Contra la realidad no se puede.


Cuando "Papá Estado" impone la aceptación a ultranza de las autopercepciones individuales como parámetro del vínculo social, se nos abren al menos cuatro nuevos problemas: de salud, de ética, de educación y de economía.


Se podrían aventurar respuestas-los indicios no son auspiciosos-, pero por ahora van solo algunas preguntas para la reflexión ¿hay investigaciones longitudinales, suficientes y serias que indiquen que la hormonización en niños y adultos son inocuas? ¿Se estudia con detenimiento cada caso para descubrir las causas por las que se pide el "cambio de sexo"? ¿Es lícito prometer a una persona que será lo que nunca podrás ser? si el cuerpo es normalmente sexuado como femenino o masculino ¿Es saludable educar a los niños en un neutro irreal para dar cabida a su autotederminación? ¿Cuándo faltan insumos básicos en los centros de salud, es necesario este tipo de cobertura? ¿por qué se subsidia el 100% a tratamientos de altísimo costo para grupos minoritarios y no se priorizan otros menos costosos -por ejemplo, tratamientos de ortodoncia- que podrían beneficiar a muchos?


Las respuestas quedan a su cargo. Huele a intereses económicos e ideológicos.

Sea cual sea la conclusión, la cuestión es que aquí nos encontramos en un mar de problemas y confusiones que podrían haberse evitado con obediencia a la realidad. Cuando la fantasía humana inflamada quiere torcer la verdad, casi nada es imposible, excepto la convivencia en paz.


Publicado en el diario La Prensa el 27-11-2019

http://www.laprensa.com.ar/483425-Lo-pagaremos-caro.note.aspx