Los fines y los medios

Por Juan Pablo Ialorenzi


En tiempos electorales no faltan propuestas (aunque sean difusas) y todos los candidatos muestran su mejor cara, ya sea legítima o producto de un trabajo de marketing. Es importante reflexionar sobre el compromiso que representa el elegir a los gobernantes.


Las expectativas de mejora que fomentan políticas públicas novedosas o retoman formas y proyectos ya conocidos, o se atienen a determinadas necesidades de la población, se muestran como soluciones definitivas con el fin de capitalizar la mayor cantidad de voluntades, aunque estas no siempre puedan advertir que es lo que más le conviene al país en todo su conjunto.


A pesar de que dicha tarea no es fácil de emprender, y su respuesta suele ser esquiva sobre todo en momentos de crisis multilaterales, para intentar dilucidar una solución es necesario reflexionar y atenerse a una pregunta: ¿Qué es lo mejor para la Argentina?, lo que lleva a preguntarnos ¿qué es lo mejor para sus habitantes? Antes de ingresar en esta cuestión es importante diferenciar dos conceptos que en la política práctica suelen confundirse: los medios y los fines.


Los fines


El alemán Friedrick Nietzsche, filósofo ateo de inspiración kierkegaardiana, postula dos ideas pilares que son representadas por los dioses griegos Apolo y Dioniso. Uno encarna lo definido, lo ordenado y lo tradicional; y otro lo cambiante, lo pasional y lo desmesurado. Apolínea es toda aquella conducta humana que sigue lo normativo, cerrándose al progreso, pero goza de seguridad, mientras que lo dionisíaco es la pura creación que se aleja de cualquier límite establecido. Desde este enfoque dicotómico, lo tradicional puede estancar a la humanidad, pero lo pasional puede llevar a la autodestrucción de la persona.


Tomando estos postulados y analizándolos desde el sentido común, podemos ver claramente que es necesario poner en práctica la prudencia y encontrar un punto medio. Pero ¿qué es lo que define que algo deba permanecer o deba cambiar continuamente?, ¿no sería mejor adecuar los medios a la situación, siempre y cuando estos respondan a los fines propuestos? La mayoría de las personas responderán afirmativamente, pero otras podrán cuestionar ¿cómo se definen esos fines? Para responder a esa pregunta vamos a tener que contradecir al autor del cual nos servimos y afirmar que la persona humana tiene una naturaleza, y el fin de la política es cuidar su dignidad.


La reflexión del votante debe girar en torno a qué propuesta es esencial y cual es accidental para velar por el bien objetivo de las personas.


Los medios


Como vimos, cuándo pensamos en qué cambiar y qué mantener es necesario recurrir a la naturaleza humana, pero para hablar sobre los medios a utilizar, tenemos que reflexionar sobre el contexto. Aunque sea obvio, vale aclarar que los medios nunca pueden ir en contra de los fines.


Thomas Merton en La lluvia y el Rinoceronte afirmaba que “la colectividad informa y forma tu voluntad hacia la felicidad (…) mostrándote imágenes irresistibles de vos mismo como querés ser: (…) de un modo tan perfectamente creíble que no permite interferencias de la duda consciente”. Traspolándolo hacia el ámbito político, las mayorías pueden ser manipuladas para que hacerlas creer y defender cierta idea, pero si queremos salvar al país del fracaso debemos ver que medios son los más adecuados para alcanzar un bien común verdadero, y ejercer un voto consciente que no responda a lo que los sectores de poder intentar imponer como proyecto único.


La filósofa Hannah Arendt utiliza alegóricamente la imagen del desierto. Este es el ambiente hostil en el que nos encontramos, y que, según la autora, se sirve de los movimientos totalitarios. Cuando somos alcanzados por estos movimientos, que llama “tormentas de arena”, sufrimos menos, porque vemos que nosotros tenemos un problema y el desierto viene a rescatarnos y ajustarnos a su medida. Los totalitarismos parcializan la realidad y la imponen a la fuerza porque es lo único que conocen y, por lo tanto, la creen lo mejor.


Los totalitarismos intentan plantear situaciones accidentales como indiscutibles, creando un relato que se defiende a como dé lugar. Continuando con Merton: “si creemos que nuestra máscara es nuestro rostro verdadero, vamos a protegerla con fabricaciones, aún a costa de violar nuestra propia verdad”.


Más allá de los modos en que se manifieste o las raíces de su origen, ningún tipo de totalitarismo, es un digno medio para la plenificación del ser humano.


Como ciudadanos de una nación debemos reflexionar sobre los medios propuestos por los políticos, reconocer las circunstancias en las cuales nos encontramos y comenzar a actuar para mejorarlas. En este ambiente que ataca los valores fundamentales y en un contexto en el que es imprescindible tomar buenas decisiones a la hora de votar, hay que volver a ponderar lo realmente valioso para la vida común.


Publicado en el diario La Prensa el 01-08-2019

http://www.laprensa.com.ar/479227-Los-fines-y-los-medios.note.aspx