No somos excusa

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi


En torno a este lema se festejó el día de la madre en el barrio Rodrigo Bueno. El sábado pasado, un grupo de organizaciones provida organizaron una celebración anticipada, junto con las mujeres de la comunidad.


Desde un escenario sencillo dos mujeres en representación de sus pares, se manifestaron en contra de la legalización del aborto.


"Que no nos quieran usar para esta ley. Las mujeres pobres no desechamos a nuestros hijos. Ser mamá es un regalo que no tiene precio porque es un regalo divino, un regalo del cielo, un regalo de Dios. No caigamos en el cuento de que con la ley del aborto están defendiendo los derechos de la mujer. Legalizar el aborto es símbolo de una sociedad que está dispuesta a darse el lujo de negarle entidad a todo lo que no está dispuesta a asumir. ¿Yo me pregunto qué es tener derecho a nuestro cuerpo? La mujer tiene derecho sobre su cuerpo. Tiene derecho a teñirse el pelo, a tatuarse, a vestirse como quiera, entre otras cosas, pero no a descartar a un ser humano por venir. Defendamos nuestros derechos, pero pidiendo por una mejor calidad de atención en los hospitales públicos, por una mejor infraestructura e insumos en los mismos, por más acompañamiento tanto médico como psicológico a las mujeres embarazadas. Por eso sigamos luchando por las dos vidas ya que es una lucha que vale la pena".


Esta manifestación no nos asombra. Bien sabemos que este tipo de leyes proviene de grupos de poder y ámbitos intelectuales que no saben o no escuchan, que las mujeres pobres desean salir de la pobreza, acceder al cuidado de su salud y a oportunidades educativas para que sus descendientes tengan un mejor porvenir. No quieren que se extinga la pobreza eliminando a sus hijos.


ARGENTINOS: PLÁSTICOS, NO ELÁSTICOS


La experiencia de ser argentinos nos demuestra a cada paso que podemos adaptarnos a diferentes situaciones. Como sociedad hemos vivido y transitado circunstancias insólitas, pasamos por situaciones inverosímiles ¡Y hemos sobrevivido! Nuestra capacidad de adaptación a las circunstancias cambiantes es maravillosa. Quizás esa práctica, haya incrementado las características idiosincráticas de nuestro pueblo que nos permite sobresalir en el mundo: encontrar soluciones creativas con bajos recursos y tomar con humor ácido las adversidades. Los argentinos somos plásticos.


Pero por otra parte, aunque parezca que más de una vez repetimos la misma cantinela. Por cada vuelta, tenemos una nueva cicatriz. No somos elásticos. Cuando un globo se infla por primera vez, ya nunca vuelve a ser como antes de ser inflado.


Aunque así parezca, la historia nunca regresa. El gran gigante celeste, como lo han dado en llamar, se levantó y ya no somos los mismos. Aunque golpeado, asustado y con intentos de ser reprimido. Aquí está y ya no podrá ser expulsado. No hay vuelta atrás.


EL GIGANTE CELESTE Y LAS ELECCIONES


El domingo elegiremos a quienes nos representen desde el poder ejecutivo y el poder legislativo. Nuestra vida cotidiana estará condicionada por las decisiones que tomen las autoridades que escojamos.

Las expectativas y los miedos, la esperanza y el descreimiento, las convicciones y la confusión, la fuerza y el cansancio formarán un entramado, que en distintas dosis, conducirá la mano del votante hacia la boleta elegida. Qué primará, será resultado de un debate interior con la propia conciencia. No juzgamos. Cada uno se hará cargo de lo elegido.


Muchos dirán que la legalización del aborto no es el único tema. Es cierto. Hay muchos otros tópicos que hacen a la vida en sociedad: relaciones internacionales, economía, educación, salud, seguridad, empleo, producción, infraestructura, federalismo, libertades individuales, desarrollo social, vivienda, medioambiente. Y todos ellos han de ser considerados y evaluados.


Pero hay uno al que hay que concederle un lugar especial. Una sociedad que no respeta el más básico de los derechos, el derecho a la vida, no puede ser capaz de defender ningún otro, ni promover políticas públicas dignas. Proteger los derechos humanos de todos los humanos- desde que innegablemente son humanos- es decir desde que son concebidos hasta su muerte natural es una opción política. Quien no adhiera a ella fervientemente y con convicción, no podrá defender a los más débiles, aunque lo declame o lo manifieste con gestos demagógicos.


Aceptar la eliminación de un ser humano como solución a un problema no es solo un mal moral real. Es un símbolo de la escala de valores que prevalece en una sociedad.


Publicado en el diario La Prensa el 24-10-2019

http://www.laprensa.com.ar/482197-No-somos-excusa.note.aspx