Nuevas formas de discriminación y control social

Actualizado: 22 de mar de 2019

Por Myriam Mitrece y Carlos Ialorenzi



¿Quién quiere ser considerado un despreciable discriminador, una persona que enjuicia, juzga y excluye a los demás? Ninguna persona de bien desearía estar incluido en estas categorías.

Como no somos la excepción, antes de ser catalogados en los casilleros anteriores queremos dejar en claro que estamos a favor del respeto a todos los seres humanos, cualesquiera sean sus circunstancias y condiciones, queremos un estado que proteja las libertades individuales y no se inmiscuya en las actividades lícitas de las personas y las familias y que todo ser humano vulnerable pueda tener las oportunidades necesarias para dejar de serlo.

Cumplido esto, podemos hablar de la discriminación.


Hoy, los feminismos radicales denuncian nuevas formas de discriminación, entre ellas el capacitismo y el especismo, creando movimientos colaterales que congregan inocentes adeptos.

Discriminación y ambigüedades Nuestro medio ambiente actual se caracteriza por la confusión, todo es lo mismo y cuesta discernir el mal del bien, lo bueno de lo malo, lo sano de lo enfermo. El relativismo se enseñorea, y a veces nos devanamos los sesos pensando ¿cómo llegamos hasta aquí? En los últimos tiempos "discriminación" fue una palabra muy usada. En su acepción positiva se trata de "seleccionar excluyendo". Cuando se refiere a ideas, es esencial para poder discernir, comprender y tomar una posición. Cuando se refiere a personas, allí muestra su aspecto negativo: es dar un trato desigual a alguien por determinadas características. Las personas no se definen por sus cualidades, sino por su naturaleza humana, por lo tanto, siendo iguales (personas), como iguales deben tratarse, sino fuera así, se las estaría discriminando. Pero la cuestión se complica cuando el término viene bañado de contenidos ideológicos que esconden otros objetivos. La ideología de género se vale de este término como comodín para insertar en la sociedad conceptos, criterios y censuras propios. Hoy, los feminismos radicales denuncian nuevas formas de discriminación, entre ellas el capacitismo y el especismo, creando movimientos colaterales que congregan inocentes adeptos.


Movimientos anticapacitistas Se indica como una forma de discriminación ideológica y material hacia las personas discapacitadas. Se refiere a los prejuicios y los estereotipos respecto de las personas con "diversidad funcional" que se plasman en leyes y estructuras urbanísticas que constituyen barreras para este colectivo y se; de este modo es tanto ideológica como institucional, expresan a través de pensamientos y formas de organización fijadas y legitimadas. Desde la perspectiva de la diversidad funcional, la minusvalía es vista como otra clase de funcionalidad, ni mejor ni peor que la que se venía considerando como "normal". Los anticapacitistas sostienen que las discapacidades no son anomalías sino una consecuencia más de la diversidad humana como la raza, la orientación sexual o el género. Por lo tanto destierran los conceptos binarios normal-anormal, sano-enfermo


Movimientos antiespecistas Otra forma nueva de discriminación, es considerar que los animales son especies inferiores y por lo tanto el humano puede utilizarlos para su propio beneficio. La práctica patriarcal considera que unas especies animales (el hombre) vale más que otras y por lo tanto merece más respeto y tiene más derechos. El antiespecismo y el veganismo ético rechaza toda forma de explotación y discriminación basada en la diferencia de especie. Según esta perspectiva el especista sitúa los intereses del ser humano por encima de otros seres con capacidad de sentir dolor y placer. Bajo el lema "Mujeres y animales no somos objetos del consumo patriarcal" se cuela el criterio de que lo propiamente humano es la simple sintiencia. El hombre, ya no se define por la racionalidad, sino por la afectividad, característica común a otros seres vivos. Una afectividad cambiante, fluida y presentista.


Modelo de la diversidad En Estados Unidos de los años 70, las feministas negras luchaban por los derechos de las mujeres y también por sus derechos civiles encontraron que ambos temas estaban interconectados, pero recién en 1989 Kimberley Williams Crenshaw acuñó el concepto de interseccionalidad desde un planteo teórico que sostiene que los modelos clásicos de opresión y privilegios basados en la clase, el género, la raza, la heterosexualidad, la capacidad y la especie, entre otros, no actúan independientemente sino que se interrelacionan y se encubren en un mismo sistema de opresión. La justicia se daría cuando los oprimidos, a través de una discriminación positiva (o sea dándoles privilegios) puedan empoderarse y lograr la utópica sociedad de iguales que describía John Lennon en "Imagine", en clara alusión a la globalización con modelo de diversidad: "Imagina a todo el mundo... viviendo el día a día... que no hay países... nada por lo que matar o morir... ni tampoco religión...imagina que no hay posesiones...sin necesidad de gula o hambruna...espero que algún día te unas a nosotros, y el mundo será uno solo". 


Empoderamiento y control Mientras estas teorías se mantienen dentro del ámbito académico, solo acarrean debates interminables que conducen al reconocimiento de posiciones filosóficas incompatibles entre sí y que en tanto son discutibles, pueden concitar mayor o menor adhesión. Las reales dificultades se plantean cuando se plasman en ámbitos sociales de control. Las variadas formas nuevas de discriminación dirigen su dedo acusador, real y simbólico, a todo aquel que pueda ser pasible del delito de segregación, coartando la libertades de expresión y de conciencia al modo de la "policía del pensamiento" orwelliana.