¡Oíd, mortales… posmodernos!

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi y Carlos Ialorenzi


En nuestro mundo posmoderno, en el que todo mensaje debe ser breve, nos fuimos acostumbrado que al final del día en la televisión y en la radio, se emitan solo los acordes introductorios de nuestro Himno Nacional. Quizás sea por eso que muchos no tengan tan presente el significado de las primeras palabras de nuestra canción patria. Un llamado que apela a nuestra naturaleza humana. Incerta Omnia, sola mors certa, decía San Agustín.


“Todo lo demás que hay en nosotros, lo bueno y lo malo, es incierto…El niño que vemos nacer crecerá o no crecerá…quizás sea rico, quizás sea pobre… puede ser que tenga hijos, y también puede ser que no los tenga…Ve enumerando todas las cosas buenas que se te ocurran. Pero no te olvides de contar también las malas; en todas ellas, en unas y en otras, el quizás es lo que las unifica a todas…Pero ¿puedes decir de igual manera que ese hombre quizás muera o quizás no? En cuanto un hombre nace hay que decir que el no escapará a la muerte”


Pánico, miedo, ideología política, ansiedad, pérdida del sentido común y de la fe en una vida trascendente, globalismo y consumo excesivo de los medios de comunicación. Un cúmulo tan grande y explosivo que paralizó al mundo y provocó que gran parte de la humanidad actúe casi sin detenerse a pensar. Parece que con el Coronavirus, los seres humanos nos hemos dado cuenta que somos mortales.


Por estas latitudes -y sobre todo en las grandes ciudades- hemos pasado del riguroso luto de hace décadas, los velatorios prolongados, los avisos fúnebres y los cortejos fúnebres con entierros con nutrida concurrencia y posterior reunión en la casa de la familia del difunto, a comunicar una muerte por mensajito o WhatsApp, sin velatorio y, en la mayoría de los casos, al crematorio directo. Esto es una simple descripción y no un juicio de valor.


Hasta hace unos años las necrópolis eran visitadas con cierta frecuencia por familiares y amigos del difunto para rezar y llevar unas flores ante su tumba. Hoy cada vez son menos los que lo hacen. Vivimos escapándole a la muerte, lo que es lógico, pero también vivimos negándola.


Hace cuatro meses de repente, los grandes medios y los gobernantes, nos pusieron delante de nuestras narices las veinticuatro horas del día a ”la parca”. Todo lo que veníamos esquivando y negando, nos invadió la existencia durante el más inimaginable encierro.


Comenzamos a trabajar, estudiar y consumir bienes y servicios en forma remota. Dejamos de visitar a familiares y amigos y tuvimos que consolarnos con vernos a través de una pantalla. Dejamos de tocarnos y abrazarnos. Nos impidieron profesar libremente la religión. Nos pasamos desinfectando todo como locos y cambiándonos el calzado para entrar en nuestras casas.


Nadie en su sano juicio quiere morirse, pero muy probablemente si fuera posible, nadie quisiera vivir en este mundo eternamente. Suena contradictorio y tiene una lógica rara. Desde que tomamos conciencia de nuestra existencia, sabemos que todos sin excepción nos vamos a ir algún día, pero de repente, somos capaces de “negociar” toda nuestra vida, por el miedo a la muerte.


Libertad, libertad, libertad


Después de recordarnos nuestra condición de mortales, nuestro himno nos refiere a la libertad. Y podemos preguntarnos si es justo que las autoridades de un país se la quiten a sus habitantes sin haber cometido nada malo.


En estos tiempos posmodernos con un infernal flujo de información y opiniones, lo que penetra en la mente de muchos -no importa cuál sea la verdad- es el relato. La política y las grandes agencias de noticias junto a las diversas formas de comunicar, están propendiendo a crear determinadas imágenes mentales que logran sus propósitos en la mayoría de los casos, restringiendo o negando el ejercicio de la libertad a millones de seres humanos. #QuedateEnCasa y tanto es el miedo a salir que las consultas médicas por otras afecciones que no sean COVID-19 disminuyeron notoriamente. Y muchos encontrarán la muerte, por el miedo a la muerte.


Más allá de las verdades, medias verdades o mentiras sobre el virus, este afectó y sigue afectando a muchas personas y otras lamentablemente perdieron la vida.


Ojalá los médicos logren encontrar el tratamiento adecuado para combatirlo y para volver a la normalidad, que podamos saber si hay culpables o no, qué intereses están en juego y si realmente es cierto lo que informan los gobiernos y los organismos internacionales.


Los que creemos en la trascendencia de la vida, sabemos que siempre estamos en manos de Dios. Que tenemos que tratar de ser la mejor persona posible, respetando la dignidad de cada ser humano desde el inicio de la vida hasta la muerte natural y defender la libertad que el Creador nos ha dado para hacer el bien en la tierra.


¡Al gran pueblo argentino, salud!


Publicado en el diario La Prensa el 15-07-2020

http://www.laprensa.com.ar/491219-Oid-mortales-posmodernos.note.aspx