Passion et Résurrection

Por Myriam Mitrece y Carlos Ialorenzi



En los últimos días se produjeron atentados a Iglesias Católicas, en varias ciudades de

Francia. Se sucedieron, incendios, saqueos y profanaciones. Ninguna organización se

adjudicó los ataques, pero evidentemente, ya sean grupos o personas aisladas,

organizados o no, se ponen de manifiesto fines anticristianos.

La iglesia de Notre-Dame des Enfants, en la ciudad de Nîmes fue profanada: saqueado

su altar y pintada una cruz con excrementos; en Notre-Dame en Dijon, se encontraron

las hostias esparcidas por el suelo y pisoteadas; se asaltó la Catedral de Saint-Alain, en

Lavaur, se rompieron cruces y se torció una escultura de Jesús aparentando un gesto

obsceno, la iglesia de Saint-Nicolas en Houilles sufrió tres ataques vandálicos en diez

días. También la de Maisons-Laffitte, en la región de Île dele de France. El 5 de abril, un

incendio en la Iglesia de Saint-Sulpice, en Paris, provocó grandes daños y nunca se

descubrió el motivo.

Si se toman en consideración la profanación de tumbas, las pintadas agresivas en las

paredes de los lugares de culto y la grabación de vídeos sacrílegos, la cifra de ataques

aumenta.

La Fiscalía de París afirma que no hay indicios de que el fuego fuera intencionado, una

de las hipótesis apunta a un accidente en la zona de refacciones. Según afirmó el fiscal,

Rémi Heitz la investigación será “larga y compleja”. Aún no se sabe con certeza si el

origen del incendio de Notre-Dame, fue provocado, pero sería bastante lógico pensarlo

tomando en cuenta los antecedentes mencionados.

Es posible que nunca sepamos la verdad. ¿Accidente y casualidad o atentado y

ocultamiento?

No está a nuestro alcance dilucidarlo, ni corresponde emitir conclusiones aventuradas.

Tomémoslo simplemente como un símbolo. Símbolo de una Europa que ha perdido sus

valores. De una Europa que fue motor del pensamiento occidental y hoy está en ruinas

ganada por la cultura del descarte, del consumismo y del hedonismo. Una Europa que

con mentalidad antinatalista está dejando una población envejecida sin horizonte

trascendente, que ha quitado a Dios de la esfera pública.


"¿y del verdadero significado de la Catedral? ¿De la pena tremenda de millones de católicos en el mundo que vieron azorados como se hacía cenizas un templo sagrado?"

Lo que se dice y lo que no se dice

Los anteriores ataques a las iglesias francesas no tuvieron suficiente cobertura

mediática. El incendio de Notre-Dame, en cambio, fue conmocionante, inocultable. Los

medios a través del mundo hablaron del legado histórico malogrado, del arte, de la

arquitectura ¿y del verdadero significado de la Catedral? ¿De la pena tremenda de

millones de católicos en el mundo que vieron azorados como se hacía cenizas un

templo sagrado? Las Catedrales góticas no son simplemente objetos arquitectónicos

bellos, ellas albergaban a toda la comunidad cristiana, los humildes y los poderosos, los

analfabetos y los doctos, porque en esa casa común se instruía en la fe a todos los creyentes.

Las escuelas catedralicias, origen remoto de las universidades, eran los lugares donde circulaba el saber y la sabiduría de la cristiandad.


No es tiempo de tibieza

En su último documento, “La Iglesia y los abusos sexuales”, Benedicto XVI dice

lastimosamente que está tentado a decir que “La iglesia está muriendo en las almas.

De hecho, hoy es vista ampliamente solo como una especie de aparato político”.

“…hay un mínimo de cuestiones morales que están indisolublemente relacionadas al

principio fundacional de la fe y que tienen que ser defendidas si no se quiere que la fe

sea reducida a una teoría y no se le reconozca en su clamor por la vida concreta.(…)

Los que niegan a la Iglesia una competencia en la enseñanza final en esta área la

obligan a permanecer en silencio precisamente allí donde el límite entre la verdad y la

mentira está en juego”, continúa diciendo el Papa Emérito.

La realidad nos llama a unirnos, a proteger, promover y volver a infundir en la vida

cotidiana los nobles valores que Cristo nos enseñó. Claramente lo expresa Benedicto:

“La fe es una travesía y una forma de vida. En la antigua Iglesia, el catecumenado fue

creado como un hábitat en la que los aspectos distintivos y frescos de la forma de vivir

la vida cristiana eran al mismo tiempo practicados y protegidos ante la cultura que era

cada vez más desmoralizada. Creo que incluso hoy algo como las comunidades de

catecumenado son necesarias para que la vida cristiana pueda afirmarse en su propia

manera”.

La Semana Santa nos propone un tiempo de reflexión, un alto en el camino para

pensar y encontrarle sentido al dolor.

No es tiempo de tibieza. Es tiempo impregnar la cultura con el ardor de la fe. Ardor

que no es locura. Ardor que no es fanatismo. Ardor que es convicción de que solo la

verdad nos hace libres y que al final del camino el bien triunfará. Ardor que es pasión

y resurrección. Ahora, con un nuevo significado “La Iglesia que ilumina es la que

arde”.


Fuente: Mitrece, M. y Ialorenzi, C. 2019, 18/04. Passion et Résurrection. La Prensa.

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