Por el Pato Donald y el Chavo del 8, ¡Sí, juro!

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi y Carlos Ialorenzi


En los últimos días hemos visto la toma del juramento a los nuevos ministros, intendentes y legisladores. Actos protocolares que cíclicamente se reiteran y tienen -o deberían tener- una gran hondura, ya que simbolizan el compromiso de quiénes ocuparán esos cargos para con los ciudadanos y el bien común.


DE DIPUTADOS Y SENADORES


El artículo 10 del Reglamento de la Cámara de Diputados de la Nación sostiene que los diputados serán recibidos después de haber jurado desempeñar fielmente su cargo y obrar en todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución Nacional.


Según las creencias y convicciones de los noveles legisladores podrán poner además, como testigos de su juramento a Dios, a la Patria o a los Santos Evangelios.

Por su parte, el reglamento para la Cámara Alta dice que el presidente del Senado recibe el juramento de los nuevos senadores que prometen solemnemente a la Patria, desempeñar debidamente el cargo de senador que ella les ha confiado para el Congreso Legislativo Federal de la Nación Argentina y obrar en todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución Nacional, poniendo, si lo desean, como testigos a Dios y/o a los Santos Evangelios.


De modo semejante, las fórmulas para los distintos cargos varían pero indefectiblemente la respuesta de aceptación se manifiesta con un "Si, juro", de pie y en voz alta. Sin necesidad de otro ornamento lingüístico.


Insólitamente hemos oído jurar por expresidentes fallecidos, parejas presidenciales, integrantes de partidos políticos, militantes y otras fórmulas imaginativas, por ejemplo "Por Perón, por Evita, por Néstor, por Cristina y nuestro pueblo peronista, sí juro"; "...con este día y cada día, sí juro" (aludiendo a una canción de "los redondos"), "Por el futuro de mi generación en toda América Latina, sí, juro", "Por las víctimas de femicidios, contra la clandestinidad, sí juro, será ley", "por la militancia, sí juro", "por mi maestro Alfredo Bravo y la humanista Elisa Carrió, sí juro", "por la memoria de Néstor y la lealtad a Cristina, sí juro", "Por la soberanía del río Atuel, juro", "Por Manuel Belgrano, Martín Miguel de Güemes, Juana Azurduy, por Otto Vargas, por René Salamanca, por Evita y el Che, por quienes luchan por tierra, techo y trabajo, por mis hermanas y hermanos de pueblos originarios salteños, por que será ley, por que vivas y libres nos queremos, sí, juro."


UNA GUÍA SOCIAL


Los seres humanos somos seres simbólicos por excelencia. Muchas de las acciones que realizamos representan y aluden a algo más que lo que manifiestamente queda a la vista.

El conjunto de normas, reglas y pautas protocolares, no son simplemente un ritual inútil. Sirven para guiar una conducta o acción y muchas veces son el símbolo de un sentido más profundo. Que hacen que el acto de jurar sea trascendente y no una mera expresión coloquial, que queda mucho más cool, cuanto más descontracturada es.


En los últimos años, muchos de nuestros políticos han decidido abandonar las normas y romper con la sana costumbre de realizar ciertos actos que requieren formalidades, simulando una cercanía con los ciudadanos que en realidad no se plasma en las obras de gobierno. Mientras tanto la mayoría del pueblo permanece indiferente.


CUESTIONES DE FONDO


Más allá de cuestiones formales, que no son menores, hay otras de fondo ¿Cómo es posible que quienes juren por el respeto de la Constitución propongan casi inmediatamente acciones de gobierno que la violenten, o que jurando por Dios, no consideren ni mínimamente la existencia de un orden natural trascendente que debe ser custodiado, o que proyecten ante los Santos Evangelios atentar contra el sentir y el pensar cristiano. Ni que decir, de jurar por la Patria y obrar en contra de sus intereses.

Especialmente para quienes juran por los Santos Evangelios es oportuno recordar que el Catecismo de la Iglesia Católica dice: "Hacer juramento o jurar es tomar a Dios por testigo de lo que se afirma. Es invocar la veracidad divina como garantía de la propia veracidad. El juramento compromete el nombre del Señor." (2150).


"Es perjuro quien, bajo juramento, hace una promesa que no tiene intención de cumplir, o que, después de haber prometido bajo juramento, no mantiene. El perjurio constituye una grave falta de respeto hacia el Señor que es dueño de toda palabra. (2152).


PALABRA DEVALUADA


Se supone que un juramento público tiene una relevancia especial en la vida, porque implica un compromiso personal, en el que se juega el honor de quien lo presta. Sería por lo tanto un momento inolvidable. Parece que no es así para todos ¿Recuerdan al exministro de salud Rubinstein que no sabía si había hecho o no su juramento hipocrático? Algunos explícitamente lo dicen, como en ese caso. Otros directamente lo tienen olvidado.


No es la primera vez, ni será la última que se diga que la palabra está devaluada. Pero hay momentos en que esta realidad se nos pone delante con excesiva crudeza. ¿Quién cree en el juramento que se está expresando? ¿es válido jurar así?

Sería interesante poder leer la mente de los que asumen para saber si ese solemne momento los conmueve interiormente o si durante su mandato, alguna vez, evitarán una acción indebida recordándolo.


Publicado en el diario La Prensa el 19-12-2019

http://www.laprensa.com.ar/484077-Por-el-Pato-Donald-y-el-Chavo-del-8-Si-juro.note.aspx