Protocolo en CABA: un progreso que atrasa y el desafío de federalizar la defensa de la vida

Por Rosario Sylvester


El pasado jueves 16 de julio la Legislatura porteña aprobó el proyecto de ley por el cual, la Ciudad adhiere al protocolo de aborto del Ministerio de Salud de la Nación (RM Nº1/2019), o protocolo de aborto irrestricto.


Para lograr la aprobación de dicho proyecto, las fuerzas “opositoras” funcionaron como grandes aliadas, ya que cada una le dio al proyecto la misma brutal cantidad de 17 votos positivos. Sumados a los votos de los demás bloques: 50 votos a favor. Apenas 7 valientes se animaron a levantar su voz en nombre de los niños por nacer, de las mujeres vulneradas, de los médicos defensores de la vida, de las leyes y la Constitución de nuestro país, de los Tratados Internacionales, de la sociedad argentina abarrotada de prioridades… pero fueron casi ignorados.


El resultado fue triste, indignante, escalofriante. La adhesión a un protocolo que arrasa con el orden Constitucional, pretendiendo erigir como derecho algo que está tipificado como delito, que atropella el sentido de la medicina y el juramento de los médicos, quienes se encuentran batallando en primera fila para pasar la Pandemia. Arrasaron con el sentido común y el instinto humano más elemental.


Sin embargo para el Vicejefe de Gobierno de la Ciudad, se trató de “un trámite más”.

Pocos días atrás, el Ejecutivo de “la Ciudad”, había presentado como logro de gestión el aumento de abortos realizados en establecimientos públicos. Mientras que en 2014 se realizaron 81, en 2019 se realizaron 8388.


Si le ponemos rostro, el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires califica como logro de su gestión haber pasado de eliminar en 2014 tres cursos de niños de una escuela (por ejemplo), a eliminar, en 2019, algo así como 9 o 10 escuelas doble turno completas (de las grandes, ¡doble turno!). Se jacta de que 8388 mujeres padecen hoy el haber pasado por la traumática experiencia del aborto, sin que nadie las siga acompañando. ¿Y los miles de violadores sin denuncia? ¿Eso es también su logro?

Un progreso que atrasa

Lo cierto es que la realidad del aborto poco importa. Se trata de una imposición ideológica más. Un eslabón más de la corrección política y del consenso progre. Una obsesión más dentro del discurso de odio del feminismo hegemónico y anti embarazo. Todo ello ayudado por la voluntad política y el firme e histórico compromiso del Ministro Ginés González con el aborto.


Si importara la realidad, tendríamos que retomar aquello de que el aborto era una experiencia nefasta por la que ninguna mujer debería pasar. O que los abortos disminuirían si no fuesen clandestinos, (¡podríamos mirar las estadísticas!) Que ninguna mujer iba a querer abortar por que sí. Que después de las 12 semanas sí había vida. Que nadie obligaría a un médico a abortar…


Todo lo que se dijo en el debate de 2018 cayó en saco roto, como sabíamos. No importan las mujeres. No todas las vidas valen igual. No existe la libertad de conciencia.

No importan los pobres. El aborto arremete cruda e irracionalmente, con la virulencia de las exigencias deshumanizadas de un negocio millonario que busca nuevos mercados.

Eso eligió por mayoría el oficialismo en unión a la oposición en CABA. Un protocolo anticonstitucional que establece, por vía administrativa, lo que fue rechazado en el Congreso en 2018.


El Protocolo ILE aprobado solo ofrece y fomenta el aborto y desestima cualquier otra posible alternativa. Desconoce la objeción de conciencia institucional y limita la personal.

Abre la posibilidad del aborto para las menores de 13 años sin consentimiento de los padres y para cualquier mujer a simple petición. No establece límite a la edad gestacional. Ni siquiera menciona, en su largo articulado, la existencia del ser humano al cual se le borrará la existencia.


En nombre del progreso, suprimen las libertades más esenciales. ATRASAN. Pero no sorprende. El Circo Romano estaba en Roma, y allí, en la gran Urbe de la que tanto bueno salió, también se vitoreaba por diversión, la muerte de inocentes. Y fue en otras capitales donde se diseñaron y realizaron flagrantes atropellos a la dignidad humana, como el comercio de esclavos. Parece haber una relación directa entre las modas ideológicas y el impacto en las grandes ciudades. Desgraciadamente esas modas suelen suponer la decadencia de los valores humanos más fundamentales y la consecuente fragmentación del tejido social.


Queda aún, para CABA, la remota esperanza del veto por parte del Jefe de Gobierno, tan pedido y rezado por cientos de ciudadanos porteños e instituciones de todo el país. Pedidos reales y fundamentados… ¿serán escuchados?

Un desafío para las Provincias

Frente a esto, el desafío se presenta de forma clara para las Provincias. Es momento de hacer prevalecer el federalismo identitario de nuestra Argentina. Es hora de usar el ingenio para no sucumbir ante la presión porteña y globalista que pone en jaque el futuro de nuevas generaciones. El “niño por nacer” está al resguardo en el sistema jurídico argentino, y también lo está, todavía, en nuestra cultura de familia, generosa, en la cultura de la Argentina profunda, donde toda vida vale. Está resguardado en la opinión y en el trabajo de la inmensa mayoría de provincianos que así lo manifestaron públicamente en 2018.


Falta asegurarse de que esté resguardado también por la voluntad política de turno.

En 2018 nos negaron la posibilidad de federalizar el debate. Sin embargo, la ley de aborto fue rechazada. El aborto en Argentina es un vil delito que tenemos combatir.


Podemos ahora federalizar la defensa de la vida. Es necesario hacerlo.

Los legisladores y ejecutivos provinciales tendrán que liberar esta batalla local que requiere de firmeza y determinación para defender lo más sagrado que les fue confiado: la vida inocente. Resistir a la presión que, so pretexto de modernización y ampliación de derechos, tratará con medios arteros de introducir el aborto libre en las provincias.

¿Cómo puede hacerse esto? En primer lugar, siendo respetuosos de las Constituciones. Las 23 Constituciones provinciales de nuestro país defienden la vida de las personas no nacidas, 12 de ellas hacen especial referencia a la existencia de la vida desde la concepción.


La Salud, por otra parte, es facultad de las provincias no delegada al Estado Nacional, es decir que las provincias pueden (y deben) respetar, proteger y garantizar el derecho a la salud de todos sus provincianos, comenzando por los niños por nacer.


Ciertamente eso supone la voluntad invertir en políticas de salud a largo plazo que tengan en cuenta, como dice el gran Dr. Abel Albino “a las próximas generaciones más que las próximas elecciones”. Supone derogar los Protocolos vigentes y dotar a los sistemas de Salud provinciales de los necesarios Programas y Protocolos administrativos al servicio de la vida, de un embarazo acompañado y respetado, de la mujer vulnerable, de la familia postergada.


Los Protocolos de aborto sólo agigantan el problema. Matan y fomentan la matanza, y de la muerte no se vuelve. Matan niños inocentes, destrozan cultura. Matan proyectos de vida. Matan vocaciones de servicio. Matan la esperanza. Siembran la cultura del descarte.


En nuestra historia, batallas en el Norte y en otros rincones escondidos de nuestra tierra, fueron decisivas para la Patria. Significaron un caudal fundante esencial, aunque muchas veces no hayan sido reconocidas ni ellas, ni sus héroes por Buenos Aires. Nos dieron ejemplo. Hay batallas que simplemente no pueden dejar de darse. Una de ellas nos toca hoy en las Provincias: resistir al Protocolo Nacional de Aborto y librarnos de los protocolos provinciales. Respetar nuestra Constitución Nacional y las constituciones provinciales. Y, aún más, avanzar en propuestas superadoras para los problemas reales.


Quizá de las provincias unidas pueda venir el aire fresco de la verdadera inclusión y el progreso humano que ayude a Buenos Aires a encontrarse de nuevo en un gran proyecto propio de país, y dejar de ceder ante las presiones y modas extranjeras.