Protocolos y payasadas

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi y Carlos Ialorenzi


Hay palabras que se ponen de moda y de repente irrumpen en nuestras vidas. Pasó y pasa con la exagerada utilización de democracia, ecología, diversidad, sustentable y grieta, entre otras.


La nueva en escena es “protocolo”. ¡Quién hubiera imaginado que esta palabra relegada a los usos de etiqueta alejados del pueblo, hoy sería pan cotidiano!


En sus varias acepciones la palabra en cuestión se dirige a una idea en común: normas, reglas o procedimientos que deben seguirse en forma estricta y ordenada.


En la era de la informalidad


Por un lado somos una sociedad que se jacta de vivir en la informalidad. La transgresión parece uno de los valores destacados y atender a la formas es visto como rigidez. Hay que mostrarse y expresarse como uno lo siente en cualquier lugar. Recordarán cómo en diciembre pasado, con la asunción del nuevo gobierno, varios funcionarios y legisladores juraron por lo que se les dio la gana recitando frases ridículas en un país al borde del abismo. Incluso la falta de formalidad en el vestir o en los modales en ciertos actos que lo ameritan parece estar en desuso. Las remeras suplantan a las camisas y los cuellos abiertos le sacan el lugar a las corbatas. La cuestión es ser fresco, descontracturado y no regirse por reglas acartonadas. Hasta es posible dar informes de fallecimientos de la mano de Filomena la payasa. La cuestión es ser creativos.


Protocolos imposibles


La palabra protocolo ingresó a nuestra vida intentando atenuar y legitimar el asesinato de los niños por nacer. Siempre existieron protocolos y procedimientos para el desempeño de actividades específicas, pero con los protocolos ILE, el término pasó a estar en boca de la gente común.


Ahora, con la interminable cuarentena parece que cada acto que vamos a hacer fuera de nuestras casas va a estar regido por un protocolo.


Es así que en estos días, se empezaron a conocer, además del distanciamiento físico y el tapaboca, los protocolos para poder practicar alguna actividad física al aire libre.


Las entidades deportivas han tenido que elaborarlos para poder reabrir sus puertas a medida que las autoridades lo permitan. En la Ciudad y en la Provincia de Buenos Aires se empezaron a habilitar algunas actividades, solo de lunes a viernes.


Van algunos cambios que se realizarán para adaptar las instalaciones a la apertura paulatina de la práctica deportiva, por ejemplo, del tenis: llegar al club cambiado con el tiempo justo y con la menor cantidad de objetos posibles. No tocar las puertas de acceso a las canchas ni los materiales de mantenimiento. Usar el barbijo hasta el momento de comenzar la actividad. Mantener la distancia mínima de dos metros entre personas. Durante el juego se deberá respetar la distancia deportiva de seis a ocho metros. Llevar botella, toalla y alcohol en gel. No compartirlos. Jugar con pelotas desinfectadas e identificadas con una marca personal. No tocarse la cara con las manos antes, durante y luego de realizada la actividad. Limpiar la raqueta y el equipo de juego antes y después de jugar. Usar la raqueta y el pie para recoger la pelota y enviarla al adversario. Cruzar la cancha por el lado opuesto al del adversario. Evitar el saludo antes de comenzar y finalizar el encuentro. No permanecer en el club después de jugar. Entre cada cancha habrá un pulverizador con alcohol al 70%. Teniendo en mente tanta reglamentación ¿el jugador se acordará de cómo tenía que jugar?


Esta semana, el ministro de Educación de la Nación rechazó el protocolo que presentó la Ciudad de Buenos Aires para que más de cinco mil alumnos regresen a las escuelas. Se fundamentó en que no satisfacía los requerimientos del Consejo Federal de Educación.


Algunas normas de este último incluyen: distanciamiento de dos metros entre todos los actores involucrados (docentes y alumnos entre sí). “Los momentos para la higiene de manos serán antes de salir de casa, al llegar a la escuela, antes y después de los recreos, antes y después de comer, luego de haber tocado superficies públicas (mostradores, pasamanos, picaportes, barandas, entre otros), antes y después de ir al baño… después de toser, estornudar o limpiarse la nariz” ¿Quedarán algunos minutos para las clases?


Razonabilidad necesaria


Antoine de Saint Exupéry nos acercaba en El Principito a un rey muy razonable: “cuidaba especialmente que su autoridad fuera respetada. No toleraba la desobediencia. Era un monarca absoluto. Pero como era muy bueno, impartía órdenes razonables. Si yo ordenara- decía habitualmente- si yo ordenara a un general convertirse en ave marina, y el general no obedeciera, no sería la culpa del general. Sería mi culpa”.


Del todo vale a la hiperreglamentación, parece que no tenemos medida. Más allá de las lógicas condiciones impuestas por un virus, algo nos pasa. Mientras en Wuhan, el epicentro de la pandemia, están festejando la vuelta a la vida cotidiana con una multitudinaria fiesta electrónica, aquí se habla de cómo reglamentar el distanciamiento social para las elecciones de octubre del año que viene.


Publicado en el diario La Prensa el 26-08-2020

http://www.laprensa.com.ar/492915-Protocolos-y-payasadas.note.aspx