¿Quién obliga a parir a las mujeres?

Por Myriam Mitrece de Ialorenzi


Todos podemos estar de acuerdo en que nuestra época es conflictiva. El sentido común y la experiencia nos aconsejan que cuando estamos ante una encrucijada lo mejor es desandar el camino y ver desde la lejanía donde se cruzan las rutas y hacia dónde se dirige. Y recién después elegir por dónde ir.


En el mundo de las ideas, no es muy distinto que en la realidad. Muchas veces los debates se plantean aceptando supuestos que uno de los contrincantes da por sentado y el otro asume sin cuestionar.


EL PROBLEMA DE LOS REDUCCIONISMOS


La realidad es tan multifacética, rica, suculenta, nutritiva, sustanciosa, poliédrica, compuesta, abundante, copiosa, exuberante, profusa, rebosante, fértil, fecunda, productiva, intrincada, mixta, surtida...que difícilmente su pretendida comprensión pueda alcanzarse desde un solo enfoque.


El socioculturalismo es un tipo de reduccionismo antropológico que consiste en considerar que todo lo humano es producto de procesos o fenómenos relacionado con los aspectos sociales y culturales de una comunidad o sociedad. Es decir que no hay valores objetivos ni naturaleza propia del ser humano que lo haga ser lo que es. Por lo tanto, tampoco hay bien ni mal objetivos, ni parámetros naturales por los cuales regirse. Menos aún, una mirada que trascienda hacia un Ser Supremo. Todo es producto del ambiente en el que se vive.


Este mal de la época, ha prendido tanto en el ámbito popular como académico. La sociedad tradicional, patriarcal, machista termina siendo la culpable de todo lo adverso que nos acontece y la vulnerabilidad social, el justificativo para cualquier delito.


Pero, cuidado. Que los condicionantes sociales existan y puedan comprobarse no quiere decir que sean los únicos factores intervinientes en cada hecho o situación concreta.


El problema no está en lo que el reduccionismo dice, sino en lo que deja de decir.


VULNERABILIDAD Y RELACIONES DE PODER


La "moda" académica actual -el ámbito académico tampoco está exento de modas- ha situado a Foucault en un lugar encumbrado. Siguiendo sus pasos las relaciones humanas están signadas por el poder y para ejercerlo, se emplean técnicas de amaestramiento, procedimientos de dominación y sistemas que obligan a la obediencia. Así se entienden las relaciones entre varón y mujer, padres e hijos, docentes y alumnos, etc. El poder no lo posee uno u otro. Es una relación de tensión en el que uno lo ejerce y el otro lo resiste.


El poder constituye a los sujetos. "Las relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan, constituyen el cuerpo social; y estas no pueden disociarse, ni establecerse ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso".


Las relaciones de poder implican un discurso (sistema de ideas) que hace posible la resistencia.

"...El poder disciplinario se ejerce haciéndose invisible en cambio impone a aquellos a quienes somete un principio de visibilidad obligatoria".


Por eso, la instalación de un relato discursivo -a través de reiteraciones, eslóganes y preguntas recurrentes- es vital para obtener visibilidad y empoderamiento.


NO ES ALGUIEN NI ALGO


Vamos a nuestro punto. En los debates sobre la legalización del aborto, hemos escuchado miles de veces la pregunta ¿es que vos, vas a obligar a parir a una.(y allí se puede completar la oración interrogativa con: "niña de 12 años", "mujer que no puede alimentar a sus otros hijos", "mujer que no sobrevivirá al parto", "mujer violada", etc.)


Y esa inquisición, paraliza instantáneamente al opositor como si hubiera sido descubierto como autor de un crimen de lesa humanidad.


La cuestión es que no hay alguien ("el antiderechos"), ni siquiera algo (el patriarcado opresor) que "obligue a parir" a nadie. Es la misma naturaleza humana que biológicamente se abre caminos de desarrollo. Pensar que un poder humano o cultural obliga a otro a dar a luz a su hijo que crece de acuerdo a las leyes biológicas que rigen la procreación humana sería tan ridículo como pensar que alguien nos obliga a respirar durante veinticuatro horas al día.


El problema es que el socioculturalismo no puede ver otra cosa que el determinante cultural. Afuera la biología, la psicología y las decisiones libres.


Aludiendo a la frase de Abraham Maslow, quien solo tiene un martillo todos los problemas tienen cara de clavo.


Publicado en el diario La Prensa el 12-03-2020

http://www.laprensa.com.ar/486528-Quien-obliga-a-parir-a-las-mujeres.note.aspx