Ver, pensar y actuar

Actualizado: 11 de abr de 2019

Por Myriam Mitrece y Carlos Ialorenzi



En 1946, el ilustre Ortega y Gasset inicia "Ensimismamiento y alteridad", uno de los capítulos de su obra "El hombre y la gente", diciendo: "Hablan los hombres de hoy, a toda hora, de la ley y del derecho, del estado, de la nación y de lo internacional, de la opinión pública y del poder público, de la política buena y de la mala, de pacifismo, de belicismo, de la patria y de la humanidad, de justicia e injusticia social, de colectivismo y capitalismo, de socialización y de liberalismo, de autoritarismo, de individuo y colectividad, etc., etc. Y no solamente hablan en el periódico, en la tertulia, en el café, en la taberna, sino que además discuten. Y no sólo discuten, sino que combaten por las cosas que esos vocablos designan. Y en el combate acontece que los hombres llegan a matarse los unos a los otros, a centenares, a miles, a millones".

Las falacias presentes en algunos discursos suelen ser emotivamente convincentes y allí nos encontramos con el peligro de la manipulación.

Realidad multifacética

Una de las características propias de nuestra humanidad es la capacidad de reflexionar, de preguntarnos, de cuestionar. Junto con esta aptitud sublime nos acosa la tentación de las respuestas hechas, servidas en bandeja y tragadas sin digerir. ¡Paradoja humana!

Lo que sucede en la realidad siempre tiene varias explicaciones. En el ámbito individual lo podemos descubrir en cualquier hecho cotidiano. Por ejemplo: Juan sale de vacaciones, porque necesita descansar, porque quiere dar un gusto a su familia, porque se acostumbró a hacerlo todos los veranos o porque ganó un dinero extra y no sabía en qué utilizarlo, entre otras posibilidades. A veces los motivos se conjugan en distintos grados e incluso puede haber otros que no sean concientes para él. El sentido común nos muestra que puede haber distintas razones para el mismo hecho: salir de vacaciones.

Cuando pasamos al ámbito de lo social y a la interpretación política de los hechos culturales, el sentido común, que nos indicaba que la realidad es polifacética, parece nublarse. Las falacias presentes en algunos discursos suelen ser emotivamente convincentes y allí nos encontramos con el peligro de la manipulación.

Algunas interpretaciones simplifican en grado extremo la complejidad de los hechos de nuestra cultura y dan respuestas cerradas que, aunque sean verosímiles, no son verdaderas, o al menos, no lo son siempre. Por ejemplo: "Hay actitudes racistas debido a los estereotipos discriminatorios provenientes de una sociedad patriarcal y opresora". Veamos y vayamos por partes.

Reconocer la existencia de los hechos -que existan actitudes racistas- no necesariamente implica que se deba aceptar que es debido "a los estereotipos discriminatorios provenientes de una sociedad patriarcal y opresora".

Hay personas que reconociendo una realidad adhieren inocentemente confundiendo lo que sucede con una explicación sesgada del suceso. Y ello las motiva a emprender acciones cargadas de odio y resentimiento.

El hecho es real, pero no hay porque adjudicar a la explicación la certeza de los hechos mismos. En los últimos tiempos "los estereotipos discriminatorios provenientes de una sociedad patriarcal y opresora" han sido la explicación de numerosas cuestiones bien diversas: femicidios, uso de pieles para indumentaria de lujo, acoso callejero, xenofobia, bulling, maltrato animal, desigualdad de salarios, corrupción, muertes maternas, y un largo etc. Además, quien no la acepta, automáticamente es enviado al bando de los "antiderechos" promotores del odio y señalado públicamente como tal. La insistencia mediática pareciera afirmar que el patriarcado es la raíz de todos los males. ¿No es raro que todo tenga una sola y única explicación? Las respuestas absolutas y unicausales, son al menos, sospechosas de mendacidad y muy probablemente lleven a acciones erróneas.


Los hechos, son solo hechos

La realidad, transcurre delante de nuestros ojos más allá de lo que podamos percibir, de lo que podamos comprender, de que nos guste o no. Si la observamos detenidamente podemos desentrañar, hasta cierto punto, lo que nos muestra. 

Decía el Dr. Enrique Rojas que "La palabra inteligencia deriva del latín intus legere que significa leer por dentro. Y se refiere a la capacidad para entender interiormente lo que se observa desde el exterior. Inteligencia es capacidad para distinguir lo accesorio de lo fundamental. También inteligencia es la capacidad para captar la realidad en su complejidad y en sus conexiones". 

Nuestra inteligencia nos posibilita "leer" la verdad de las cosas en las cosas mismas. Para hacer honor a lo que nos fue dado, tenemos que hacer una lectura propia de nuestro mundo circundante y de nuestra sociedad, para proyectar la que queremos. Para eso necesitamos tomarnos tiempo.

Tiempo para observar, desentrañar, develar. Lamentablemente, nuestra época no se caracteriza por ofrecernos tiempo de ocio. Para "solucionarnos" el problema están a mano, las explicaciones ya listas y los eslóganes repetidos insistentemente. De nosotros depende qué opción queremos escoger.